Lady Filstrup (3ª época)

Dedicado a la música ligera, actores españoles y tebeos de Bruguera (porque sí, porque rima).

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Lugar: El Escorial, Madrid, Spain

jueves, mayo 11, 2006

Entra Agamenón


...¡Que viene!
Hasta el 24 de julio de 1961, Agamenón era el héroe griego de la guerra de Troya, cuyas hazañas figuran en la “Odisea” homérica y protagonista de la primera obra de la trilogía de Esquilo “La Orestiada”, padre de Orestes y de Electra, asesinado por su esposa Clitemnestra. Pero a partir de esa fecha, la de su irrupción en las páginas de Tio Vivo, Agamenón fue, al menos para España, más que ningún otro, un mocetón cabeza-dura, simple y fuerte, obra de Alejandro Santamaría Estivill (Nené Estivill).
Ya una semana antes, con la alimentación del fuego de las expectativas, en el Tio Vivo número 19 de su segunda época, se publicaba un anuncio telegráfico (que el amable lector puede observar aquí al lado) del advenimiento del héroe campesino por excelencia del tebeo español, al que se le otorgaba el título de “El más bruto”.

Con vistas al campo

Los tebeos estaban hechos desde la ciudad y para ser consumidos en ella. Y sin embargo, España era, hasta los años setenta y tal como aprendimos en la escuela “de carrerilla”, un país eminentemente rural. Resulta llamativa la escasa presencia del mundo del agro en los tebeos en general y en los de Bruguera en particular. Aquellos personajes que, como la Petra escobareña, o el Ceferino de Pineda Bono, tienen orígenes campesinos, inician su andadura ya instalados en la urbe. En general, el papel del habitante del campo queda al nivel de episódico o anecdótico, incorporando la figura del paleto en la ciudad (víctima propicia de cualquier timo), o del ocasional anfitrión (de buen grado o sin su consentimiento) del visitante urbanita titular de la serie que se tratara. Tan sólo la familia Gambérrez, versión agraria de tal institución según Vázquez, puede constituirse en precedente temático del mundo de Agamenón y aún ésta, en función de la superior identificación de la obra de Estivill con el referente real, queda a mucha distancia.

El caso es que el campo español tenía algo que contar en las viñetas de nuestros queridos tebeos, cuando nadie parecía sospecharlo y Nené Estivill tenía la capacidad para hacerlo, como demostró desde su primera historieta.

El Agamenón más primitivo

En sus apariciones más antiguas, Agamenón nos es mostrado a cabeza descubierta, sin la boina característica que se hará imprescindible a partir de la tercera historieta (la del número 22). La desproporción de su pétrea cabezota en relación al cuerpo no es todavía tan acusada y tiene una forma menos esférica. Sus pies crecerán súbitamente a partir de su duodécima aparición, momento en que se nos revela el número que calza, un 54. Su personalidad, en cambio, está perfectamente definida desde la primera viñeta y se mantiene invariable a lo largo de todos los años de permanencia de la serie: Agamenón es un noble bruto y un ingenuo cabezota, pero, al mismo tiempo, tiene la picardía suficiente para valerse de su aparente estulticia y ajustarle las cuentas a los maliciosos que quieren aprovecharse de él o abusar de algún desvalido. Su fortaleza física y su corazón de oro molido se hacen patentes desde las primeras historietas.

Los trabajos de Agamenón

Agamenón es una fuerza de la naturaleza y como todas las fuerzas de la naturaleza, es simple e indomable. Su complexión robusta, maciza y rocosa le permite afrontar cualquier reto que dejaría tirado en la cuneta al petimetre urbanita más atrevido.
Al mozo hijo del Cipriano le hemos visto protagonizar tantas proezas imposibles que su pariente lejano (por la parte que comparten de héroes griegos) Hércules parece un infeliz enclenque a su lado. La grandeza de su figura se amplía por causa de la inconsciencia con que emplea su poder. Si se echa a la espalda una mula que está cargada, a su vez, con enormes sacos de grano, no lo hace para demostrar su fuerza sino por mera inconsciencia.

Cariño por el bruto
El candor del noble bruto, la ingenuidad de Agamenón, le hacen acreedor al cariño y la simpatía no sólo del lector sino también (o así parece a este burgomaestre) de la redacción brugueriana, que guarda para él el afecto especial por el hijo que ha salido “diferente” a los otros. Esta predilección la adivina este burgomaestre en, por ejemplo, el hecho de convertirle en protagonista de la campaña publicitaria de la colección Olé de 1971, haciéndole erigirse en, de alguna manera, portavoz de los personajes en apariencia “menores” y a los que, no obstante no acaparar portadas ni un apabullante fervor popular, les son dedicados sendos volúmenes de la consagradora colección. Ese “¡Ridiela! ¿Yo también?” expresa la sana modestia del rústico mozalbete.
La condición natural de Agamenón de bruto mayúsculo viene condicionada por su herencia genética, como es machaconamente atestiguada por su abuela, que ve en su nieto la repetición de su difunto marido (de cuya veracidad da testimonio el dibujo extraído de la contraportada del Olé número 13 dedicado a Agamenón, en la que la vemos junto al retrato del fenecido) y como también da fe la historieta del número 27, en la que se constata que Cipriano, el padre de Agamenón, era el que había ostentado el oficioso título de “el más bruto del pueblo”.

Oda al tonto del pueblo
En Agamenón se sustancia un panegírico a la figura del tonto del pueblo. La constatación de la superior inteligencia del alma cándida y pura frente a la del taimado malicioso es una de las constantes de la serie. Quienes pretenden burlarse de Agamenón a causa de su aparente inferioridad intelectual se ven invariablemente chasqueados y derrotados. En cambio, es cuando el propio muchacho quien se propone demostrar que no se le puede engañar cuando se ofusca y resulta víctima de algún engaño, de lo que se deduce que su mejor arma es la inocencia. La extrema simpleza de la mentalidad de Agamenón no supone menoscabo a su capacidad para desenvolverse en la vida, sino más bien una ventaja. Con el transcurso del tiempo, el personaje va tomando consciencia de su condición de “tonto del pueblo”, cosa que no le gusta en absoluto y hace que se proponga enmendarse. En cualquier caso, lo que queda demostrado de forma palmaria es que su falta de instrucción no le limita en absoluto, sino que le hace acreedor, por el contrario, a una vida mejor. Cuando tratan de instruirle, el instinto lleva las enseñanzas al terreno más práctico y que le conviene e interesa más: comer en cantidad, comer a más y mejor. Así sucede en la historieta del número 30, en la que Cipriano intenta proporcionar la sabiduría popular a su hijo haciéndole leer un libro de refranes. Pero éste se limita al primero que lee y lo pone en práctica a las primeras de cambio: “Oveja que bala pierde bocado”.
Las ocurrencias de Agamenón nacen de un intelecto particular, dotado de una manera creativa de resolver los problemas que se le plantean y de un poderío físico inusitado capaz de llevarlas a cabo. Así, en su primera historieta, idea sustituir al reloj del pueblo que se ha estropeado ayudándose de una garrote con el que golpearse la cabeza para dar horas. La resistencia física de Agamenón también pasma y asombra a partes iguales. En la historieta del número 21, su segunda aparición, le vemos realizar su primer prodigio deglutidor: Agamenón se zampa una tonelada de melones ante nuestros atónitos ojos y, de paso, pone en ridículo a los que querían burlarse de él. En la historieta del número 28, garrotes que parten yunques se rompen como quebradizas cañas al contacto de su cabeza-

La vida en el pueblo

Tan importante como la configuración del héroe rural, es la recreación casi descarnada del ambiente campesino de un pueblo del secano español. Una atmósfera construída a base de toscos remiendos, boinas raídas, trajes de pana, cerdos escuálidos, fajas, fogones, horcas, hoces y otros aperos de labranza, porrones, pollos y pollinos, calles polvorientas y mecheros de mecha, que se erige en un ejemplo señero y principal de la creación de un microcosmos propio en el ámbito de la historieta española. Esta recreación no se limita a exponer los elementos visuales gráficamente, sino que también consiste en reflejar la temática propia del ambiente en que se desarrolla la acción, con descripción de faenas del campo tanto agrícolas, como ganaderas, o de pastoreo y deteniéndose a presentar los conflictos y la problemática en general que se dan en ese medio: la sequía, las epidemias del ganado, la urbanización del pueblo, y hasta la correcta curación de los embutidos.

La vida cotidiana en Villamulos, el pueblo de Agamenón (un pueblo al que se le instala la conducción del agua pública en el número 22 y al que sólo le falta el “tilífono” para ser “encivilizao”) está basada en unos usos bastante insanos (a los ojos de la mayoría bienpensante de hoy en día). Tal como comprobamos en el número 33, la higiene está bien valorada, pero esta valoración no obliga a bañarse más de una vez al año. Las decisiones se toman siempre a golpe de porrón, entre las fuerzas vivas, que “viven” en un estado semi-alcoholizado y que fuman constantemente cigarrillos de picadura. La alimentación, que parece basarse fundamentalmente en diversas maneras de procurarse un elevadísimo nivel de colesterol (chorizos y judías con tocino a todas horas), haría palidecer de espanto a cualquiera de los dietistas que hoy en día se enriquecen a costa de crearle mala conciencia a la gente.
La visión del pueblo, en términos generales, contiene todos los elementos que uno puede esperar y también muchos otros que muchos lectores de ciudad debieron aprender del mismo tebeo. La presencia del pregonero, la importancia de la fuente de la plaza, de los pucheros, de los corrales, de los graneros y de los pajares han sido tenidas en cuenta.
En este sentido, la atención al detalle le lleva a Estivill a reflejar con su tosco estilo la construcción de cada silla, el cordel que ata el tapón de cada porrón, las nubecillas de polvo que se levantan al caminar por las calles de Villamulos. No descuida mostrar, por ejemplo, que si hay una de esas grandes llaves puesta en una puerta, de ella pende un hilo del que cuelga otra llave, o si dibuja una alacena le pone el paño blanco de encaje correspondiente..

El recurso de la coletilla

Que un personaje tenga una coletilla que se repita al final de todas sus historietas es un recurso que hemos visto antes en este weblog (o lo que sea) cuando hablábamos de Ángel Síseñor (Vázquez), de Don Yalosabía (Cubero) o de (citado en un comentario) “El rincón del lector avispado” (Rovira). Aunque en estos casos, más que de coletilla, cabría hablar de razón de ser de los personajes. En el caso de Agamenón, la coletilla la proncia la abuela, uno de los personajes más entrañables del universo brugueriano. Su “Igualico, igualico, que el difunto de su a agüelico” funciona como recurso idóneo para popularizarse entre el público lector, cosa que consiguió indudablemente y se inscribió en los usos más cotidianos del lenguaje, como muy pocas otras expresiones de los tebeos. Aquí podemos ver la primera viñeta en que se dice, la última de la historieta del número 22 de Tio Vivo (2ª época), tercera entrega del personaje (y la misma, donde aparece por primera vez con boina, con lo que podemos considerar esta tercera historieta la que supuso la formulación definitiva de la serie).

Simplemente, el mejor

Así opinaba el gran Vázquez en las páginas del DDT número 39 (3ª época, 15 de abril de 1968) , respondiendo a la pregunta “ ¿Qué personajes te gustan más?” :
“... De los demás me gusta “Agamenón”, es el tipo más humano de todos los que se publican ahora. Además, las situaciones en las que se mueve son muy naturales, no están forzadas...” , opinión que este burgomaestre no puede sino suscribir enfáticamente y que revela, además de las virtudes de la obra de Estivill, aquello que sabiamente valoraba más el gran Vázquez en una historieta.

El feo estilo de Estivill

Si Nadal es la elegancia, Raf la fluidez, Vázquez la eficacia, Segura la exageración, Rovira la espontaneidad, Jorge la intensidad, Cifré la magia, Ibáñez la mueca, Conti la sabiduría y Escobar la sinceridad... (por decir algo, que todo lo que dice este burgomaestre lo dice por decir algo)...Nené Estivill es la fealdad expresionista. Y no quiero decir con esto que no me guste. Es una fealdad eficacísima y admirable, que se constituye en un islote original y particularísimo inmerso en el piélago de Bruguera. Su expresionismo feísta, al que podríamos llamar “fauve” dándonoslas de entendidos en arte tuvo un claro heredero (a conciencia o por casualidad) en el trabajo de Jordi Amorós, “Jà”.
Como ya hemos dicho antes y no nos importa repeteir, en sus páginas de Agamenón, especialmente en las de la primera época, Estivill reconstruyó a su peculiar manera todo un mundo rural, descrito con todo lujo de detalles. De cada herramienta, de cada animal de corral, de cada botijo, candil, mueble o ropa, el artista ofreció su versión al atento lector, que podía perderse en ellos a las mil maravillas. Estivill dibujó su propio camino y lo recorrió a lomos de la coherencia durante toda su carrera, legando al lector de tebeos una obra tan importante como este Agamenón, sobresaliente personaje único e irrepetible que destaca, por su elemental naturaleza, en el incipiente mundo sofisticado de la sociedad del consumo que nació, como él, con los años sesenta.
NOTA: Las imágenes que justifican este chapucero texto están tomadas de los Tio Vivos citados, cuyas fechas de publicación (las que no han sido ya expresadas)son : el 21: 31-7-61; el 22: 07-08-61; el 24: 21-08-61(“ya verás si dispiertas”); el 27: 11-09-61; 30: 2-10-61; 31: 9-10-61
La última viñeta en color está sacada del Olé número 13, publicado en 1971. Las que hacen referencia a la sequía proceden del Súper Tio Vivo número 81, de 13 de agosto de 1979 y la del pregonero y la de Villamulos de noche, están tomadas del Extra de Tio Vivo de Carnaval de 1972.
NOTA 2: Habrá más entradas de Agamenón . Es tan bruto, que en una sola no cabe.

17 Comments:

Blogger jaumejoan said...

Magnífico articulo, señor burgomaestre, magnífico!
Confieso que Estiviill, y concretamente Agamenón, siempre lo leia y encontraba los guiones perfectos y siempre bien cerrados, no era de mis favoritos, quizás por el dibujo "feo". Era en cambio el favorito de mi madre, que le encantaba( mi familia, como muchas de la época, compartíamos la lectura de los tebeos, y cada uno tenia sus favoritos).
Sin embargo ahora me encanta, creo que es uno de los dibujantes que el tiempo, no solo ha mantenido su calidad, sino que la ha acrecentado. Este estilo tan poco brugueriano, tan personal y perfecto en sí mismo, merece todos los elogios.
Chapeau para el viejo maestro, y otro para usted, señor burgomaestre por recordarlo de manera tan brillante.

jueves, mayo 11, 2006  
Blogger Los Burgomaestres said...

¡Ridiela! ¡Magnífico, compa burgomaestre! Y la línea Estivill-JA... ¡¡¡Muy bien señalada, sí señor!!! Y encima diez años antes de Crónicas de un pueblo, que fue a la tele lo que Agamenón al tebeo, la presencia de la España de los pueblos. ¡¡¡Viva la vanguardia tebeil!!!

jueves, mayo 11, 2006  
Blogger choko said...

Pos le ha salío un articulo mu bonico y acertao amigo burgo...
La verdá es que al señor Estivill le salió un zagal muy humano y cabal, al que uno le cogía enseguida cariño, una pregunta... ¿Había en el pueblo de Agamenón un flamaceutico o un doctor que representara la intelectualidá? Lo digo porque lo que es sonarme, me suena.
Aluego está el tema del estilo "feista" a mí nunca se me antojó "feo", pero son cuestiones de gustos, claro. Yo creo que el estilo Estivill era igualico al del valenciano Marqués de Serafín(o muy parecío vaya)
Pues yastá, a cuidarse con salú!

jueves, mayo 11, 2006  
Anonymous Anónimo said...

Guas tad.des!Mig nifico articulo....wheka!!Vi leiendo poco a poquico toa su gueb la cual incunentro de maximo interes.... mushas filicidades y abrados varios....

Ieeeee!!!

jueves, mayo 11, 2006  
Blogger Chespiro said...

¡Qué profundización en esta obra de Estivill!
De ahí que le pidamos que de aquí a un tiempo veamos rondar de nuevo a la Terrible Fifí.
Curiosamente, a mí el estilo y el guion de esta historieta siempre me atrajo (menos en su época de los 80), y lamento profundamente que el dibujante no pudiera consagrar más horas a su trabajo, porque seguramente hubiera creado otra pléyade de personajes inolvidables y de páginas igual de divertidas.

jueves, mayo 11, 2006  
Blogger Los Burgomaestres said...

Hola, hola: soy el burgo que ha colgado esta "brutez" de post, por lo que me resulta obligado agradeceros la atención a todos y las palabras tan amables que le habéis dedicado (al post). La verdad es que siento haberme extendido tanto, pero me ha pasado que al afrontar el personaje en su conjunto me he encontrado con un bocado demasiado grande y no veía por donde cortar, aunque es evidente que he cortado (y mucho)para evitar unas dimensiones impropias de este weblog (o lo que sea). Tengo que decir que yo mismo he redescubierto el personaje y a su autor repasando las historietas de Agamenón estos días y que, desde luego, yo antes no era consciente de que fuera tan bueno como me ha parecido, ni de que me gustara tanto. Así que, además de permitirme el lujo de comunicarme con vosotros, tengo que agradecerle a la existencia del weblog (de la cual fue artífice mi admirado compañero) que me haya brindado la ocasión de redescubrir y valorar mejor nuestros amados tebeos.
Lo que dices del farmacéutico, amigo Choko, no te lo puedo asegurar. Hay un médico que sí representa al hombre "con estudios", pero no me parece que encarne "la modernidad" de forma especialmente significativa. Los personajes más fijos, aparte de la familia de Agamenón, son el alcalde, Ruperto, y el tendero, tío Perico.
En cuanto a la petición sobre la terrible Fifí, queda anotada, amigo Chespiro, pero le advierto que es un personaje del que, a fecha de hoy, este burgomaestre no ha leído todavía ni una sola historieta. Así que, o lo toma mi compañero, o habrá que tener paciencia con un servidor...hasta que lo haya leído, al menos un poquito.
Ah! y sí, sí, la comparación con Serafín es más que pertinente, amigo Choko.
La referencia a "Crónicas de un pueblo", amigo y compa burgo, tan acertada y oportuna como bien encuadrada.
Seguiremos dándole vueltas a las viñetas. Gracias a todos.

jueves, mayo 11, 2006  
Blogger el brujo don carlos said...

Si hace años alguien me hubiera dicho que se podía hacer un análisis de Agamenón con la seriedad con que ustedes lo hacen no me lo habría creído. Es un artículo imponente. Enhorabuena.

viernes, mayo 12, 2006  
Blogger maginelmago said...

Magnífico. Permitidme una crítica: muy largo (sí, vale, no habla el rey de la brevedad).

Pero he disfrutado como un cosaco de los que estuvieron en la batalla de las Termopilas.

No sabía que hubo Colección Olé de Agamenón. Aún recuerdo cierto Saló del Còmic en el que un individuo se avalanzó a por "los otros olés" (terminología del http://wwww.elforo.de/latiacomforo )

No sabía (por supuesto) que hubo un anuncio la semana anterior.

Y evidentemente yo desconocía el diferente estilo de dibujo de las historietas de los primeros tiempos.

Y, bueno, ¿algo que decir de la etapa de Ediciones B? Ahí las viñetas eran más grandes pero la sensación de amontonamiento del dibujo era más acentuada. Las historietas eran de dos páginas.

Siempre he disfrutado leyendo Agamenón, unas páginas que siguen muchísimas veces el mismo esquema de Agamenón o el alcalde entrando en casa, exponiendo un problema y Agamenón dando una solución.

Anda, que también daría gustico haber visto al agüelico.

Y el curioso papel de una abuela que sólo sale en la viñeta final... nunca sale dentro de la historieta.

Lo de las muletillas finales son típicas de Nené Estivill. Me gustan.

Es muy difícil intentar ser objetio cuando cada dos frase dices que te gusta.

Ah, y encima la maginoteca está citada en los links.

sábado, mayo 13, 2006  
Blogger maginelmago said...

Magnífico. Permitidme una crítica: muy largo (sí, vale, no habla el rey de la brevedad).

Pero he disfrutado como un cosaco de los que estuvieron en la batalla de las Termopilas.

No sabía que hubo Colección Olé de Agamenón. Aún recuerdo cierto Saló del Còmic en el que un individuo se avalanzó a por "los otros olés" (terminología del http://wwww.elforo.de/latiacomforo )

No sabía (por supuesto) que hubo un anuncio la semana anterior.

Y evidentemente yo desconocía el diferente estilo de dibujo de las historietas de los primeros tiempos.

Y, bueno, ¿algo que decir de la etapa de Ediciones B? Ahí las viñetas eran más grandes pero la sensación de amontonamiento del dibujo era más acentuada. Las historietas eran de dos páginas.

Siempre he disfrutado leyendo Agamenón, unas páginas que siguen muchísimas veces el mismo esquema de Agamenón o el alcalde entrando en casa, exponiendo un problema y Agamenón dando una solución.

Anda, que también daría gustico haber visto al agüelico.

Y el curioso papel de una abuela que sólo sale en la viñeta final... nunca sale dentro de la historieta.

Lo de las muletillas finales son típicas de Nené Estivill. Me gustan.

Es muy difícil intentar ser objetio cuando cada dos frase dices que te gusta.

Ah, y encima la maginoteca está citada en los links.

sábado, mayo 13, 2006  
Anonymous Alfred said...

Pues como alguna que otra vez me ha sucedido con sus jugosas entradas, he contemplado detenidamente las imágenes que ilustran la presente, antes de comenzar a leerme el texto, y luego, al hacerlo, justo cuando ya creía que el burgomaestre de turno, fuera cual fuese, no comentaría nada en el mismo sobre el peculiar estilo de dibujo del autor, cojo y llego a ese último apartado dedicado al tema.

Y es que lo primero que llama la atención de las viñetas escaneadas, en efecto, es el trazo tan personal del dibujante (y "feista", encantadoramente "feista" también, sí), claramente desligado del grafismo imperante en el universo Bruguera, si es que semejante cosa existe o existió. Un soplo de aire fresco que sin duda alguna debía agradecerse lo suyo entre el panorama tan homogéneo, al menos a primera vista, que siempre solían ofrecer las revistas de la editorial.

Un saludo.

domingo, mayo 14, 2006  
Blogger Los Burgomaestres said...

Pues gracias también a ustedes, amigos Brujo (don Carlos), Maginelmago y Alfred. Este burgomaestre promete no extenderse tanto en el futuro, a no ser que sufra otro ataque de entusiasmo semejante. Miren, amigos, uno se deja llevar, a veces y ya no está en edad...O sí. Empieza uno a parecerse al abuelo Cebolleta. Lo de la seriedad del comentario se debe a la inveterada costumbre de uno de tomarse a risa las cosas serias y muy en serio las cosas de risa. Uno es así de serio. Gracias a todos por pasar por aquí y ayudarnos con sus comentarios.

domingo, mayo 14, 2006  
Blogger Gordito Relleno said...

Dos cosillas: Sí que había en las historietas de Agamenón unas fuerzas intelectuales del pueblo, como bien añade el Burgomaestre a la pregunta de Choko. Además yo abundaría en el maestro de escuela, figura tan típica de esa España Cañí, y protagonista de delirantes historietas cuando los mozos andaban "endiscurriendo" en la clase.

Por otro lado felicidades por rescatar en la memoria a Nené Estivill, uno de los pocos maestros bruguerianos de la época dorada brugueriana que aún vive y que sin duda bien merece un homenaje por su estilo tan característico.

lunes, mayo 15, 2006  
Anonymous Discómic. said...

¡"Apartarsu" que voy!,¡Ufff!,que grandes las historietas del gran Nené Estivill!,y la manera genial del post.Pero ocurrió un asunto muy gracioso con los "endialógos" que introducía de los personajes en sus viñetas,(no sé, me dá verguenza contarlo,pero fué divertido,je,je).Bueno...vá,venga, ¡a ver si me "esprico"!,resulta que cuando algunas plazas o parques y otras zonas en las que se podian jugar a juegos de "tierras",(hoy en día con todo asfaltado),se podía jugar montones de juegos,con la paleta "boli",a las "redondas" clavando en éstas la lima,a las canicas que habian incluso de barro,al teje,al trompo,al "requiví",etc.Bien, pues mientras jugábamos a estos juegos o "endilogamos" de tebeos,de cine,deportes o cualquier tema,usábamos el dialecto puebleril de Agamenón y La terrible Fifí,también se nos "escapaba" hablar así en el patio del colegio,los profesores nos miraban "raros",alguno se llevó algún capón,je,je,pero nuestro profesor entendía que era un "diálogojuego",después descubrimos que yá sabía de qué iba,...¡Oñazo!,...¡¡Cómo que entre el periódico que traía estaba lleno de tebeos Bruguera!!,¡¡"er" muy...!!,en fin,¡ridiela!,¡casos y cosas!.Saludazos.

miércoles, mayo 17, 2006  
Blogger Gordito Relleno said...

En las historietas de la terrible Fifí también había muletilla final.Salía un personaje llamado Don Sordete, con su trompetilla para oir mejor, y siempre espetaba a su interlocutor, fuese cual fuese su comentario, la frase:"Pues es lo que yo digo, si no juega Sotil no hay nada que hacer", referencia al Cholo Sotil, jugador paraguayo del Barcelona en los primeros setenta.

miércoles, mayo 17, 2006  
Anonymous Anónimo said...

I'm impressed with your site, very nice graphics!
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domingo, junio 11, 2006  
Anonymous Anónimo said...

Your website has a useful information for beginners like me.
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viernes, julio 21, 2006  
Anonymous Anónimo said...

Existirá algún link para descarga de "Un mozo mu espabilao"?

martes, marzo 31, 2009  

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