Lady Filstrup (3ª época)

Dedicado a la música ligera, actores españoles y tebeos de Bruguera (porque sí, porque rima).

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Lugar: El Escorial, Madrid, Spain

domingo, abril 08, 2007

Una intrusa en casa de los Trapisonda

En este deambular burgomaestril nuestro por los tebeos Bruguera (en particular) y españoles (en general), de ordinario encontramos sobrados motivos para regocijarnos en glosar los aciertos y las glorias de sus artífices. También, con la frecuencia de lo cotidiano, hemos de toparnos con desconcertantes muestras de algunas prácticas editoriales que, a los ojos del lector de hoy, resultan decididamente chocantes.

La producción tebeística de Bruguera, a comienzos de los años setenta ha crecido tanto que su dotación humana es materialmente incapaz de elaborar el número de páginas que requiere el abanico enorme de cabeceras que tienen el compromiso ineludible de acudir a los quioscos cada semana. Este conflicto lo solventa la editorial rellenando con reproducciones de páginas antiguas las que se han de cumplimentar en las nuevas entregas. Los personajes, propiedad de la editorial, sufren en sus carnes de papel la desconcertante experiencia de vivir nuevamente viejas hazañas, recuperando, además, su aspecto más pretérito, en ocasiones, tan distinto que resultan irreconocibles para el recién llegado. Este hecho, por ser tan frecuente, no provoca el sobresalto en el lector habitual de los tebeos Bruguera. En algunas ocasiones, sin embargo, esta circunstancia se adorna con alguna peculiaridad más chirriante, como la costumbre que tiene la editorial de refundir dos historietas de una página en una nueva de dos, por el sencillo expediente de eliminar una de las cabeceras sustituyéndola con una viñeta de enlace dibujada por una mano anónima y poco diestra. El caso que Lady Filstrup aporta hoy a este modesto rincón del ciber-espacio es bastante más singular. Se trata de una historieta de La Familia Trapisonda, la familia que Ibáñez dibujó un poco al “modo Cebolleta” que, según las fuentes consultadas debutó en Pulgarcito en 1958, para luego pasar a las “Selecciones del Humor de El DDT” y también al “Ven y ven” (después “Suplemento de historietas del DDT”) y a la contraportada del Capitán Trueno Extra y finalmente, al DDT.

"La familia Trapisonda (un grupito que es la monda)” debe su existencia al previo alumbramiento de la familia Cebolleta (de Vázquez) para el DDT en 1951. Las diferencias que Ibáñez introdujo en el modelo previo vazquiano no hacen sino confirmar el hecho de que se trata de un remedo. De manera similar a como las dos grandes familias monstruosas de la televisión norteamericana (la familia Addams, de la productora ABC y la familia Munster, de la CBS) se reparten un determinado área del imaginario colectivo, el que podríamos llamar "sit-com familiar de ambiente macabro", los Cebolleta y los Trapisonda constituyen las dos grandes franquicias familiares “de clase media” de los tebeos Bruguera en el recuerdo del público lector mayoritario (por encima en popularidad de la que podríamos considerar “historieta de culto”, la surrealista familia Pepe (de Iranzo) o de las familias “especializadas”de Vázquez: la rural (Gambérrez) y la calé (Churumbel) y, por supuesto, de otras familias de recuerdo casi marginal, como la familia Repanocha, de Tran). Añadamos, por aumentar el alcance de la analogía con los grupos familiares macabros de la pequeña pantalla, tal vez podríamos atrevernos a ver en el trabajo de Vázquez algo de la mordacidad de los Addams, mientras que el humor de Ibáñez se correspondería mejor con las bufonadas de los Munsters.

En un intento de dotarle de algún rasgo de originalidad, Ibáñez convierte a Pancracio, el cabeza de familia prototípico (prácticamente idéntico a Rosendo Cebolleta) en bombero, pero este oficio cada vez cobra una menor presencia en las historietas y no pasa mucho tiempo antes de que Pancracio comparta con Rosendo una ocupación más sosegada, de oficinista, y su interés pase a concentrarse, normalmente, en leer el periódico en un butacón. Por lo demás, los miembros de ambas familias son prácticamente intercambiables, con la excepción del abuelo Cebolleta, que no encuentra émulo en los Trapisonda. La mascota parlante, el loro Jeremías de la familia vazqueña, pasa a ser un perro pensador, Atila, emisor de comentarios sarcásticos bastante demoledores. Fundamentalmente, se trata de ofrecer un retrato del modelo familiar medio de la sociedad española, basado en la ineptitud manifiesta de su cabeza visible. Pero, en fin, este burgomaestre no va a incurrir ahora en el error de intentar explicar al mundo la obra de Ibáñez, tan popular y tan comentada que toda glosa es superflua. Baste decir que la familia Trapisonda es una de las creaciones de más éxito de los tebeos Bruguera, hecho que suele ir emparejado con la autoría de Francisco Ibáñez , cosa que en ningún momento tenemos intención de discutir.

Precisamente, el éxito popular de las historietas firmadas por el creador de Rompetechos, convierte en aún más inexplicable el hecho que ha motivado la presente entrada de Lady Filstrup. En 1971, Francisco Ibáñez ya era un autor consagrado y tenía una legión de admiradores en toda España que celebraban cada nueva obra suya y que le exigían una dedicación completa. Personajes suyos ya llenaban páginas y portadas de los tebeos de la editorial Bruguera (aunque, desde luego, todavía tendría que llenar muchos más, en los siguientes años). En las décadas que le restaban a Bruguera antes de sucumbir a su propio gigantismo se iban a cometer muchas tropelías con los personajes y las historietas de sus dibujantes más populares y, sin embargo, pocos casos de manipulación tan curiosos como el que hemos encontrado en el DDT 199 (3ª época) de fecha 10 de mayo de 1971. En la historieta de la familia Trapisonda, reproducción de la aparecida, probablemente más de una década atrás, uno de los personajes, la criada Robustiana, ha sido sustituido, en cada una de las viñetas, por una suplantadora, una fámula que no era la originalmente dibujada por Ibáñez y a la que, además, se le ha cambiado el nombre, rebautizándola como Celedonia.

Robustiana, uno de los personajes con los que Ibáñez “innovaba” la fórmula creada por Vázquez para su familia Cebolleta, acaparaba bastante protagonismo en los primeros tiempos de la serie y tenía el aspecto que podemos ver en las viñetas de aquí al lado, tomadas de los números 121 y 125 de “Selecciones del Humor del DDT”, de enero y febrero de 1959. Se trataba de una mujer robusta (como su nombre indica), tosca y bastante escandalosa (y que, por cierto, este burgomaestre lamenta haber omitido en la entrada que dedicó a los empleados del hogar hace unos meses:“¡Cómo está el servicio!”, Lady Filstrup 29-5-2006). Salta a la vista que la que hemos podido ver en las viñetas dispuestas al principio de esta entrada es otra mujer y debida al lápiz de otro dibujante. Saber quien realizó la suplantación no es tarea complicada.

Cualquier ojo medianamente experto reconoce el estilo del Gosset de sus primeros años en Bruguera. No el más primitivo, aún inexperto del primer año (1958), ni tampoco el que crearía a los Hug el Troglodita, Facundo o Domingón a mediados de los años sesenta. Es el Gosset de 1960 o bien pudiera ser de 1961, como lo es el especial “¡¡Chachas!!” del DDT, en el que podemos encontrar algunas muestras de cómo Jorge Gosset Rubio plasmaba sobre el papel a las fámulas, en alguno de los chistes que publicó en él. Observándolos encontramos detalles decisivos que, cotejándolos con las viñetas de la historieta de los Trapisonda no dejan lugar a dudas. Un detalle definitivo, la manera de dibujar los labios femeninos de perfil, lo encontramos en la criada que tiene la ropa en los cuernos del televisor. No lo duden, amigos, fue Gosset, quien llegaría a ser digno sucesor de Conti en la tarea de llenar de chistes con sabor internacional muchas páginas de los todos los tebeos de la casa Bruguera, el ejecutor de la Robustiana intrusa. Saber el motivo de esta curiosísima intervención sólo nos es posible adentrándonos en el terreno de las conjeturas.

¿Por qué sustituir a un personaje fijo de una serie por él mismo, pero con otro aspecto? En el teatro, en el cine o en la televisión, puede sustituirse a un actor por otro para incorporar a un personaje. El público nota el cambio, pero no tiene dificultad en atribuirlo a causas diversas: por ejemplo, el actor original ha recibido una oferta profesional mejor y abandona el serial (o la función o la serie de películas) para hacer otro trabajo, o bien, se ha considerado que no “daba bien el papel” y se ha preferido sustituirlo por otro que encaje mejor. Trasladar la primera suposición al mundo del tebeo es inverosímil, por lo que , siguiendo las sabias palabras de Sherlock Holmes, “cuando descartas lo imposible, lo que quede, por disparatado que resulte, tiene que ser cierto” el problema debió radicar en una “mala” o inadecuada actuación. Debemos creer que Ibáñez dibujó su historieta con “su” Robustiana y que alguien distinto de él y con poder resolutivo decidió que a aquella Robustiana había que cambiarla. Una historia tan absurda sólo puede explicarse con la intervención (o la prevención de que interviniera) de la Censura. El tema de la plancha trapisondista era escabroso en algún sentido (desde el punto de vista de la sobre-protectora censura franquista, claro está) porque suponía que Robustiana, a pesar de (o quizá debido a) su tosquedad, era deseada y requerida por una variopinta sucesión de hombres. Probablemente su actitud era demasiado provocativa y complacida, motivo por el cual debió pensarse que resultaba, sencillamente, indecente. No era algo que pudiera resolverse tapando un escote o alargando una falda (prácticas estas habituales en los tebeos que venían del Mundo Exterior y que exhibían impúdicas redondeces), por lo visto Robustiana revelaba cierta incontinencia en todo su continente. El bueno de Gosset tuvo que cargar con el embarque y dibujar una chacha anodina e inexpresiva. A fin de cuentas, la anécdota sólo perseguía que Pancracio terminara metiendo la pata y arrojando un cubo de agua al hijo del jefe, a quien tomaba, fatalmente, por el nuevo pretendiente de la criada. Para contar eso no hacía falta provocar malos pensamientos, por supuesto. No faltaba más.

Y así quedó, para los restos, una historieta en la que uno de los personajes tuvo que ser sustituido por un suplente, por casquivano. Un caso bastante inaudito ¿no creen?
Nota: Tal vez movidos por algún resto de escrúpulo, los responsables de la revista DDT, con su director, Miguel Martín Monforte al frente, eliminaron la firma de Francisco Ibáñez de la reproducción de esta historieta en el año 1971.

13 Comments:

Anonymous Petisocarambanal said...

Buena entrada y sagaz observación, amigo burgo (auqneu desde luego resulta imposible no observar semejante cambio)Resulta increible lo que la censura podía llegar a maquinar (hasta con chachas brutas, mire "usté") Lo de las viñetas de enlaces si que es una constante; oues anda que no tengo yo tebeos con dichas viñetas.
En fín, aunque la suplantadora pueda parecer nodina, yo me imaginaré que también fue "deseada" por los pretendientes y algunos lectors y que la censura se quedó con un palmo de narices, ea.

domingo, abril 08, 2007  
Blogger Los Burgomaestres said...

No sé, amigo Petiso, a veces, enfrentado uno a la sinrazón puede sucumbir a la tentación de disparatar en exceso, pero es que no se me ocurre otra explicación a esta absurda sustitución. Chim-pón.

lunes, abril 09, 2007  
Blogger choko said...

Gosset al principio dibujaba muy Conti, otra cosa que no sabía...

lunes, abril 09, 2007  
Blogger Los Burgomaestres said...

Qué ojazo que tiene, amigo y compañero burgomaestres. Lo bueno de todo ese desbarajuste y despropósito de los censores es que acaba ud. de decubrirnos una magnífica historieta collage, con dos grandes figuras: Ibáñez y Gosset, que por cierto son ellos ahora la memoria brugueril de la que se hablaba en comentarios anteriores.
pd. cada año están más caras las monas...
fdo. el burgo padrino.

lunes, abril 09, 2007  
Blogger Los Burgomaestres said...

Ah, sí, amigo choko, Conti dibujaba muy Conti y tendía a ocupar un lugar similar en las revistas Bruguera al que el gran Conti solía ocupar. Como "chistero" era un digno sucesor. Y sí, amigo y compañero burgo, las monas cada año son más caras y la memoria de las "memorias vivas" un poco más flaca. Gosset, como sabes muy bien, no quiere saber nada e Ibáñez, cada vez que habla de Bruguera da la sensación de que fue una editorial fundada nada más que para darle a conocer... o así.

lunes, abril 09, 2007  
Blogger Daniel said...

Este blog es una gozada. Enhorabuena.

lunes, abril 09, 2007  
Blogger Mortadelón said...

Buenas.
En alguna entrevista, Ibáñez comentó sus visicitudes con la censura. Ya buscaré a ver si de refilón nombra el caso de esta página.
En esta entrada realizaba conjeturas sobre otro famoso caso de censor, o eso parece.
¡Un saludo!

lunes, abril 09, 2007  
Blogger Los Burgomaestres said...

Ah, amigo Mortadelón, en efecto, el ejemplo que usted pone en su estupendo blog, el ejemplo al que podríamos denominar "del orinal", es obviamente otro caso de censura. A partir de, pongamos mediados los sesenta (o así), las revistas Bruguera se decantan por una total infantilización de su línea editorial (o sea, que tanto DDT como Tio Vivo, originalmente para mayores, pasaron a ser tebeos infantiles)y eso conllevó una muy férrea atención por parte de la Censura, que no se limitaba digamos a los temas sexuales (que ya venían censurados desde la propia iniciativa del creador), sino tambíén a vigilar un exceso de violencia y de lo escatológico. Precisamente, en el caso de Ibáñez, estos últimos terrenos eran bastante frecuentados como propicios a su humor, lo que le costó muchas manipulaciones. Si he escogido la presente es por lo que tiene de singular al haber intervenido un dibujante reconocible y al tratarse de la sustitución de un personaje, caso bastante inaudito.
Amigo Daniel, nos honra con su presencia y con su ánimo entusiasta. Muchas gracias por su comentario.

lunes, abril 09, 2007  
Blogger Gordito Relleno said...

Me uno a la idea de que la criada Robustiana resultaba demasiado cazurra y violenta por sus aspavientos y bruteza y que la sustituyeron por este motivo. Es que los censores tenían que justificar su salario de alguna forma y a veces habría que buscarlo donde fuera, no se fuese a pensar que ya no eran necesarios...

martes, abril 10, 2007  
Blogger Los Burgomaestres said...

¡Ah, la Censura!! ¡¡Qué tema tan feo y tan interesante a la vez!! Y siempre de actualidad. Si no es un medio institucional (sea del bando que sea), es alguna asociación celosa guardiana de lo "Políticamente Correcto" y de lo "Pollinamente Circunspecto". El caso es enredar. ¡¡Ah, y muchas gracias por su comentario, amigo Gordito!! Siempre nos da una alegría constatar que está usted ahí.

martes, abril 10, 2007  
Blogger Mortadelón said...

Releyendo una entrevista a Ibáñez, comentaba que el censor le recriminó, en una página de la historia esa vista por Hollywood, la correspondiente a Moby Dick, haber hecho una viñeta-chiste en la que se veía un adulterio, (¡¡cosa terrible!!) de la ballena con bebés pulpitos, el ballenato abroncándola y el señor pulpo escondido tras una roca. A qué extremos llegaron los censores.
Por cierto señores Burgos, ¿pararán ustedes por la feria del comic de Barcelona? ¡Lo digo por saludarles y felicitarles en persona!

viernes, abril 13, 2007  
Blogger Los Burgomaestres said...

¡¡Qué bochorno, amigo Mortadelón!! No pensábamos aparecer por allí, pero... nos pone usted en un compromiso. Le invitaríamos a unas pintas con mucho gusto, pero no sé si va a poder ser... Le pondré un correo concretando más. ¿Le parece?

viernes, abril 13, 2007  
Blogger Mortadelón said...

Me parece perfecto. Pero no se preocupen, en principio sólo acudiré un día, el viernes, y supongo que la cosa irá apretada. Pero gracias por la propuesta.
Saludos.

viernes, abril 13, 2007  

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