Lady Filstrup (3ª época)

Dedicado a la música ligera, actores españoles y tebeos de Bruguera (porque sí, porque rima).

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Lugar: El Escorial, Madrid, Spain

miércoles, febrero 22, 2006

Series Lay Filstrup: Cuando todos hablaban parecido



Disparatado, dislocado, alopécico, variopinto, pintiparado y ribonucleico (por no decir escrufuloso o vitupérico) es el humor de los buenos viejos tiempos en Pulgarcito, cuanto la mayor parte de los personajes utilizan el lenguaje de Rafael González para expresarse. Hoy les muestro unas cuantas viñetas de historietas de Jorge y Cifré. Lo cierto es que se comentan solas. Me podría limitar a a reseñar que están sacadas de los números 129 (las de Tribulete y Leovigildo Viruta) de diciembre de 1949 (sí, del mismo número del que salieron los anuncios del otro día -¡y es que habría que subir estos tebeos enteros!) y 208 (la de Cucufato Pi), de julio de 1951 . No obstante, a pesar de que soy incapaz de añadir nada mejor de lo que ellas dicen por sí mismas, no me resisto a perorar un poco con la excusa de que no vayan solas por el mundo, como unas descarriadas.

El lenguaje que gastan los personajes de Bruguera en estos años, no es tan sólo un instrumento cómico, sino también, como he dicho, es un instrumento de demolición de cualquier tipo de convencionalismo. Así, en la historieta de Cucufato Pi ( un personaje que cabe calificar como versión original del posterior hijo de Cifré, Golondrino Pérez ) queda demolida la profesión médica en tres viñetas. El comentario “En último caso, con la autopsia lo descubriré todo” es digno del mejor Groucho. El modo en que se dislocan las habituales conversaciones entre médico y pacientes desvela el absurdo que subyace en ellas. En la historieta de Jorge, es la literatura de evasión la que resulta dinamitada y convertida en puro dislate. Es Leovigildo Viruta un personaje de esos que tienen poco relieve identitario en su personalidad, como le pasa, por ejemplo, al Olegario de Raf. Visualmente, se distingue de los Casildo (Nadal), Calixto (Peñarroya) o Heliodoro (Vázquez) del momento por su vestimenta, menos formal, más "lumpen" que incluye una característica gorra (y ya hemos dicho alguna vez lo decisivo que el tocado es para la caracterización de los personajes) . Pues bien, en esta historieta figura una novela piramidal en la que los cadáveres están “bastante muertos” y las acciones suceden “lentamente, con gran rapidez”. En la historieta de Tribulete, por su parte, los modestos usos sociales del “tráfico de influencias al detall” (el convite interesado) es el tema que se somete a la dislocación. Todas ellas juntas erigen un monumento al disloque del lenguaje, al disparate verbal, a la pirueta de la sintaxis y al diálogo funambulista.

Las palabras se utilizan muchas veces, más allá de por lo que significan, por lo que sugieren o por lo que su sonido puede sugerir, solas o, preferentemente, en compañía de otras. Así, los binomios de adjetivos, formando parejas indisolubles lanzados al viento como interjecciones trompeteras anunciando insólitos acontecimientos: “¡Repanocha y bicarbonato de calcio!”, exclama Viruta; “¡Vitaminosis y catalepsia”, se queja Tribulete. Por otra parte, las imágenes literarias nacen como el resultado de realizar una suma de palabras unidas por lo que sugiere el sonido del conjunto más que por el objeto referenciado. Al hablar de un “pescador de caña visigodo”, aunque el visualizarlo constituya una suculenta tentación, el autor difícilmente pretende que el lector lo haga. Los apelativos son chocantes y descacharrantes; los calificativos acompañan adornando con lazos chillones y contradictorios al sustantivo: “¡Alto, bajito y senecto caballerete!”, llama el caco a Tribu cuando se lo echa a la cara. La exageración, por su parte, se ve elevada a su máximo exponencial, de modo tal que hablar de hipérbole supone ofrecer un reflejo pálido e inane de ella. De otro modo sería imposible decir con la debida seriedad que se fuman 250 cigarrillos al día y 420 por la noche, o pedir “24 tajadas de melón para mí y una para el señor” o atentar con 14 macetas de geranios contra la vida de Deogracias Tirabeque, casero.

También hay lugar para un humorismo más puro, sin tanto retrueque verbal, como cuando Don Apapurcio afirma que “no había comido tan bien desde el día de mi bautizo”, o el impagable comentario de Cucufato en la puerta del Doctor Zito: “Es un médico buenísimo , no se le muere ni un microbio”.
Las bellezas hollywoodienses están presentes en los pensamientos de los personajes Bruguera. Resulta divertidísima, por lo extemporánea, la afirmación de Leovigildo Viruta expresando un deseo tan íntimo como inopinado: “Una carta. Cómo me gustaría que fuera de Virginia Mayo”. Claro que a la hora de expresar deseos, Tribu no se queda corto. Sintiéndose desgraciado asegura: “Me gustaría ser atropellado por un submarino”.

Todo este humorismo del verbo estrambótico y extravagante, debido como es sabido a Rafael González, deudor del de maestros tales como Jardiel, Tono o Mihura (o eso cree este humilde burgomaestre), fue perdiéndose en los años sucesivos, en los que la hoy llamada “Escuela Bruguera” adoptó nuevas formas de expresión, de acuerdo con los nuevos tiempos, hasta su total desaparición... ¿Total? Bueno, no del todo.
Nota extraída del “Cómo aprender a patinar en 6 lecciones” del profesor Resbaloff a propósito de recientes acontecimientos en este weblog (o lo que sea): “Uno se cree que camina sobre terreno firme y camina seguro y decidido, con la determinación pintada en el rostro, pero entonces el suelo se torna juguetón y uno resbala, describe una caprichosa parábola en el aire y se da el batacazo. Es entonces cuando uno se da cuenta de que ha patinado”. (Viñetas extraídas de la historieta de Heliodoro "Heliodoro y el premio", de Vázquez, publicada en la portada del 129 de Pulgarcito, año 49)

7 Comments:

Blogger Gordito Relleno said...

¡Por cien mil ornitorrincos asmáticos! Esta aportación de lenguaje brugueril refulge como tropecientos rubíes. Hoy le felicito con furia visigótica y beso sus plantas.

En ese surrealista lenguaje del humor absurdo de Rafael González yo veo a Tono, a Mihura, a Alvaro de La Iglesia, a Jardiel, a Muñoz Seca...Sin duda marcó una época.

jueves, febrero 23, 2006  
Blogger Los Burgomaestres said...

Compañero burgomaestre: ¡así se habla! ¡¡¡Hasta pasado mañana!!!

jueves, febrero 23, 2006  
Blogger Los Burgomaestres said...

¡Gracias, Gordito!'¡Gracias, compañero burgo!! ¡¡Nos veremos las caras y los esófagos!!

jueves, febrero 23, 2006  
Anonymous Anónimo said...

Una de las expresiones bruguerianas que me vienen a la cabeza, es de Carpanta llamando a un negro antropófago "anochecido señor" poética, humorística pero muy políticamente incorrecta...

viernes, febrero 24, 2006  
Blogger Los Burgomaestres said...

Uf! buen ejemplo, sí señor, amigo Choko. De vez en cuando, iremos colocando viñetas sueltas a propósito de este lenguaje tan particular que utilizaban los personajes Bruguera, "cuando todos hablaban parecido". La verdad es que es tan disfrutable como los dibujos y, en cambio, menos recordado y menos valorado, en consecuencia, por el público en general.

viernes, febrero 24, 2006  
Anonymous Anónimo said...

Es que yo creo que, con independencia de la "presión" de Rafael González... en ese grupo había como una coña de forma de ser y de escribir; o de hablar entre ellos cuando se reunían para lo del fútbol.

Un poco como le pasaba a Tip; o algo parecido a los personajes de Joaquín Peláez en la radiocomedia aquella "Don Eusebio, don Juanito, Luisito y Josemi".

Creo.

(Y no sé si bien me ecplico):
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martes, marzo 14, 2006  
Blogger yanmaneee said...

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