Interludio mitchumniano

Can Can fue la apuesta frivolona de Bruguera, una revista chispeante y burbujeante poblada de guapísimas señoritas que se permitía el lujo de contar algún chiste picarón y de coquetear con el mundo de oropel del espectáculo. Sostenida en sus inicios en los dibujantes que se mantuvieron en Bruguera cuando se produjo la fuga de los responsables de la aventura de Tio Vivo, tuvo la virtud de albergar la sensacional serie de Vázquez “La historia esa vista por Hollywood” que continuó, dignamente, Francisco Ibáñez y que ya ha sido mostrada (seguro que no por última vez) en este weblog (o lo que sea).
En ese contexto y en la primera época de la publicación (antes de convertirse en un insulso contenedor de chistes “para adultos” de agencia como el que acabó siendo al final de su andadura, mediados los años sesenta) nacieron personajes que exploraban el espinoso mundo afectivo de las parejas y de los solitarios que aspiraban a formar una. También, de soslayo, los personajes del universo de la escena. Entre estos últimos destaca especialmente la creación de Peñarroya, Bambalino Talíez.

La libertad creativa de los dibujantes de historietas es casi omnipotente. Con las simples herramientas de que disponen, son capaces de incorporar a sus obras personajes mitológicos, inalcanzables ambientes exóticos u oníricos y pueden, también, como en el caso que nos ocupa, disponer de un “casting” ilimitado de actores reales, de popularidad universal, dispuestos a interpretar al gusto del dibujante el más insospechable de los papeles. Así sucedió con, por ejemplo, el mítico Robert Mitchum.
Le llamaban “El oso”


Irrumpe mister Mitchum en la página de Talíez
Si bien dentro del universo bruguera la presencia de personajes reales es poco habitual, el reducto del Can Can de la primera época sí solía albergar alguna aparición estelar de astros hollywoodienses, aunque, del mismo modo que en las portadas del DDT de la misma época (finales de los cincuenta), su participación se limitaba a decorar con su efigie algún espacio reservado a tal fin. En el caso que nos ocupa, en cambio, la personalidad del actor es tomada prestada por el dibujante, que lo utiliza como si fuera un personaje más. Así, Peñarroya, que en los primeros números de Can Can estaba ausente, haciendo la guerra por su cuenta con sus compañeros de Tio Vivo, cuando hace su entrada en la revista brugueriana lo hace con una serie, la de Bambalino Talíez, que llena con presencias de diversas populares bellezas femeninas y apuestos galanes cuyos “cachés” habrían arruinado al productor más acaudalado, pero que a él y a su personaje, el empresario de nombre tan significativo, no les cuestan un céntimo.


El ambiente de la farándula, que también inspiraba la serie vazquiana “La osa mayor, agencia teatral”, predecesora de esta de Bambalino Talíez, es tratado por Peñarroya con el entusiasmo del aficionado y buen conocedor de los distintos mundos escénicos. El titular de la serie, el de nombre de inspiración inequívocamente teatral, tiene el aspecto arquetípico del empresario, sin faltarle el correspondiente puro, la calvicie, el bigote ni las gafas.


En cuanto a la historieta protagonizada por mister Mitchum, cabe remarcar que Peñarroya no se ha limitado a caricaturizar espléndidamente al astro norteamericano nacido en Bridgeport, Connecticut, en agosto de 1917, sino que ha sabido reflejar su indolente personalidad, e incluso (seguramente, con conocimiento de causa) el modo en que el actor se conducía a la hora de encarar su trabajo en el plató. Robert Mitchum trabajaba con profesionalidad, pero la pasión la tuvo reservada para sus asuntos privados (con excepción de muy contados papeles en los que sí se implicó artísticamente). Sea porque Peñarroya lo intuyó en la expresión del actor, sea porque lo había leído en alguna entrevista, la actitud del señor Mitchum de la historieta ante su labor coincidía con la práctica habitual del de carne y hueso. “¿De qué trata hoy?”, solía preguntar indiferente al llegar al rodaje.
Bob sacude a la chica moderna de Raf
El arte de Raf, a finales de 1959, momento de publicación de la historieta que



En la historieta mitchumniana de Fifina, la arrogancia y la suficiencia machistas del actor se exponen con intenciones cómicas, poniendo a la protagonista en la desagradable situación de recibir un puñetazo en aras del arte cinematográfico. Esta situación, la del extra que recibe las bofetadas, se ha empleado con mucha frecuencia la tratar humorísticamente el tema del rodaje de películas. El hecho de que la protagonista sea una mujer colocaría esta historieta, hoy, fuera de los límites de lo políticamente correcto. En 1959 no se tenían tantos miramientos. De todos modos, si la historieta merece rescatarse ahora del olvido es por lo que supone de muestra poco conocida del trabajo de un artista superior, como lo fue Raf,


NOTA: las caricaturas de Alan Ladd y Sofia Loren están tomadas de los números 35 (6-10-58) y 32 (15-9-58) de Can Can. La foto de mister Mitchum es un escaneo de una foto del álbum de recortes de este burgomaestre cinéfilo y algo mitómano.
12 Comments:
Felicidades de nuevo, burgomaestres. Lo están consiguiendo. Como Mitchum, yo también cuando llego al trabajo, lo primero que hago es preguntarle a un compañero, "¿de qué trata hoy el weblog (o lo que sea) de Ladyfilstrup?" Así que ya ven, se están convirtiendo en una necesidad diaria ... de nuevo felicidades.
Gracias, amigo escarlatina, digo, barretina escarlata, por su comentario...Lástima que sea sólo una muestra de cortesía...¡¡no puede ser cierto!!!
¡Te ha quedado de cine, amigo y compañero burgomaestes! La verdad es que se pueden abrir un montón de series a propósito de Burguera.
Pues sí, se pueden abrir y lo vamos haciendo, ¿no? Fíjate, que ya llevamos 201 post subidos (para los amigos de la estadística).
Pues como amantes de la animación que parecen ser ustedes, por lo observado ahí a la izquierda, en la columna de los enlaces, supongo que ya conocerán el simpático cortometraje titulado "Calypso is like so", protagonizado por un trasunto animado del mismísimo Robert Mitchum y realizado en stop-motion por el francés Bruno Collet.
De no ser así, creo que cierta mula podrá traérselo, para que le echen ustedes un ojo, si es que les causa curiosidad.
Un saludo.
¿Se estará refiriendo a la mula Francis? Ah, no! Ya caigo. Vamos a ver eso!!! Gracias por la información, amigo Alfred.
Probablemente, si a algún dibujante se le ocurriera hacer hoy en día algo parecido con ... Tom Cruise (por ejemplo), se le caería el pelo: le llamaría a los pocos días el abogado de la distribuidora más cercana para darle un "aviso de querella". ¿No os parece?
Pudiera ser, lo de Tom Cruise. Aunque era un elemento habitual en los tebeos de los 50 y no estoy muy seguro que llegase allende los mares la difusión brugueriana de los astros de Hollywood. Eran muy habituales las secciones dedicadas a estrellas del celuloide en revistas femeninas como Sissi, con fotos, artículos y caricaturas en incursiones varias en historietas. Me ha encantado esa faceta caricaturista de Peñarroya poco difundida. Un 10 (otro, menudos empollones que están hechos...)
No es que seamos empollones, amigo Gordito (por cierto, ¿le ha gustado la versión "realista" de su fisonomía?), lo que pasa es que usted es un profesor muy benevolente...
Y, bueno, amigo Landahlauts, buena anotación, eso del Tom Cruise. Probablemente en otros tiempos las imágenes de los personajes públicos eran mucho más públicas. Hoy en día, la legión de abogados que necesita clientela protegiendo el derecho a la propia imagen no puede consentir según qué ligerezas...
Mucho, me ha gustado mucho. Y ya que va la cosa de caricaturas del celuloide, nada más verlo me ha venido a la mente el mismísimo Marlon Brando, aunque la expresión del gordito del papel es muchísimo más dulce que la del famoso padrino.
A Marlon brando también lo sacaron mucho. Era todo un fenómeno en sus buenos tiempos. Su actitud hacia las mujeres era muy semejante a la caricaturizada aquí a propósito de Mitchum. Eran tipos castigadores, y no como este burgomaestre que es todo un calzonazos. Hay una portada de un Tio Vivo especial Cine del 58 (creo recordar) en la que una cola larguísima de jovencitas esperan su turno para ser abofeteadas por el varonil ídolo. Hoy esto es de una incorrección política que tira de espaldas, así que igual lo colgamos cualquier día de estos...
Sí, sí...¡cuélguenlo, cuélguenlo! (el dibujito, claro)
Y sean lo más políticamente incorrectos que puedan, que el Arte no entiende de las vulgaridades esas de los políticos.
Publicar un comentario
<< Home