Lady Filstrup (3ª época)

Dedicado a la música ligera, actores españoles y tebeos de Bruguera (porque sí, porque rima).

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lunes, junio 19, 2006

Don Berrinche y el ataque de los platillos volantes


Nos gusta Don Berrinche, no lo vamos a disimular. Es un personaje que nace de Mr. Hyde, de ese lado salvaje que todos tenemos sojuzgado en el fondo de nuestras civilizadas personalidades. Su deambular, pertrechado de un primitivo garrote (siniestramente rematado por un clavo en su extremo superior) en busca de cráneos que perforar, recuerda la figura del revés del Doctor Jeckyll, con la diferencia de que, en lugar de tener que recurrir a la ingestión de una milagrosa pócima, como la criatura de Stevenson, el hijo borde de Peñarroya es un bestia “full time”.










El enfrentamiento de nuestro desinhibido héroe, de nuestro epítome de la mala lecha, con la amenaza de los platillos volantes, se sustanció en una soberbia historieta publicada en la contraportada del Pulgarito número 169, de septiembre de 1950, “Platos volantes”. En ella, Don Berrinche, luce un humor más exasperado que de costumbre, que lo mueve frenéticamente, sin descanso, a lo largo de la página, en la cual transcurre un mes largo (de acción en la ficción) de actividad incansable desde el momento en que aparece proclamando que los platillos volantes son “paparruchas”, hasta que es despedido, en la viñeta final, de la superficie marciana aferrado precisamente a un platillo que lo transporta de vuelta a la tierra. En el trascurso de la viñetas, como liberado de todo mínimo escrúpulo al tener que vérselas con enemigos extraterrestres, el berrinche de Don Berrinche progresa sin descanso y lo impulsa de un lado a otro animándole con una energía tan desbordada que se comunica al lector en forma admirable. En tan sólo una plancha de 23 X 16 cms asistimos a:










-El ataque de un platillo volante sobre la irritabilísima persona de Don Berrinche











-La resolución firme y repentina del agredido de vengarse implacablemente
-La búsqueda de asesoramiento científico por parte del vengador en la materia "platillil".
-La construcción de un cohete con la finalidad de invadir a los invasores
Viaje interplanetario de Don Berrinche y llegada a Marte
Enfrentamiento con los marcianos y explicación del fenómeno de los platillos volantes
Regreso a la Tierra del frustrado vengador con nuevas amenazas para la Humanidad

El ritmo de la historieta es tan vertiginoso que uno apenas puede reparar en el desparpajo, la agilidad, la firmeza, la voluntad, el ingenio, la habilidad, el vigor con el que Peñarroya nos ha sacudido. Se ha valido del lenguaje visual (con una figura de Don Berrinche que parece animada por resortes eléctricos, que más que correr, brinca) y también del lenguaje verbal, con expresiones tan vivas que, al ser leídas, saltan pimpantes en el cerebro del asombrado lector, porque Don Berrinche da garrotazos “de obra” y también “de palabra”, llamando a los platillos volantes “paparruchas” y a los marcianos, “panolis”, ”mequetrefes”y “mentecatos”.

A Don Berriche pocas veces lo hemos visto tan enrabietado, tan acelerado y resuelto, como en esta ocasión. La verdad es que comunica con su furia una vitalidad tremenda y podríamos decir que la lectura de esta historieta es un estimulante de los buenos. La contemplación de la plancha en su conjunto nos permite constatar que el movimiento constante en forma de vaivén o de zig-zag del personaje protagonista transmite una sensación de acción trepidante que deja sin aliento al lector. Don Berrinche aparece por la izquierda en la primera viñeta y camina, con su porte garboso, hacia la derecha, naturalmente, de donde procede el platillo que le alcanza en la segunda viñeta y le hace precipitarse al suelo en dirección opuesta a la que llevaba. Cuando se levanta, recuperado del golpe y echando sapos por la boca, Don Berrinche vuelve a correr hacia la derecha, pero escucha al científico en la siguiente viñeta, mirando hacia la izquierda, dirección hacia la que vuelve a emprender una carrera (garrote en ristre), con lo que esta viñeta queda contrapuesta a la inmediata superior, en la que se desplazaba a semejante velocidad de crucero, pero en dirección opuesta. Esta tónica continúa hasta el final de la historieta: el cohete lo construye orientado hacia la izquierda, pero el veloz vuelo lo describe el artilugio hacia la derecha. Don Berriche surge del cohete, de un brinco, hacia la derecha, para amenazar después a los marcianos con su garrote, al otro lado de la página, hacia la izquierda. En la línea final, el colérico personaje está orientado hacia la izquierda y sale, finalmente, expulsado de la superficie de Marte hacia la derecha.

La construcción del cohete interestelar, a partir de materiales de deshecho y derribo y sin más energía propulsora que la proporcionada por la propia rabia de Don Berrinche y por un montoncito de petardos falleros, recuerda a la que Tony Leblanc llevó a cabo (veinte años más tarde) en la película de 1970 dirigida por Javier Aguirre, “El astronauta”, con guión y producción de Pedro Masó y que ya se recordó en una magnífica entrada de mi compañero en este weblog (o lo que sea).

La imagen que Peñarroya nos ofrece de los habitantes de Marte, merece destacarse porque tiene una fuerza extraordinaria. Se sirve de elementos clásicos como el color verde y los cuernecitos como de caracol, pero, a diferencia de la imagen prototípica de los hombrecillos cabezones, en cambio, los hace gordos y con bocas de piñón (marca de la casa).



Platillos volantes por doquier

La temática de los platillos volantes en este año 1950 era muy popular e iba a volver a tratarse pronto en la misma revista Pulgarcito. Por ejemplo, en la portada del número 176, en la aventura del Heliodoro de Vázquez “Heliodoro y el platillo volante”. Aunque con resultados mucho menores, ésta es una historieta que contiene al menos la suculenta ocurrencia de “cazar” un platillo volante con un cepo, y algunas viñetas brillantes, como la muestra, con su audaz perspectiva, aunque tiene un final decepcionante en el que se descubre que la tal nave intergaláctica es en realidad un gadget publicitario, lo que le permite a Heliodoro exclamar su frase habitual: “¡Me muero!”.

La popularidad de las naves extraterrestres con forma de plato hizo que en el imaginario colectivo de los años cincuenta, fuera ésta la visualización que se impusiera sobre cualquier otra con respecto al fenómeno extraterrestre en general. El cine no tardó en perpetuarla en celuloide, siendo “The flying saucer”, el film de 1951 producido, dirigido y protagonizado por Mikel Conrad, su primera manifestación, si bien, el más popular de la temática sería el titulado “La Tierra contra los platillos volantes”, de 1956, dirigido por Fred F. Sears, sobre una historia de Curt Siodmak que contaba con el siempre prodigioso trabajo de Ray Harrihausen para los efectos especiales.

NOTA: En futuras entradas hablaremos de los extraterrestres que tenían su propia serie en Bruguera. De momento, y porque pilota un platillo volante (si bien es de los hondos y no de los llanos) y porque estamos en pleno mundial de fútbol, traemos aquí una viñeta de Cosmolito, una serie que no se hizo para Bruguera, pero que terminó publicándose en ella y que realizó un dibujante anónimo que, en opinión de este burgomaestre no es otro que el Raf que trabajó para la agencia Bardom Art y al que publicó la editorial británica Fleetway. Veremos en futuras entradas tanto ésta como las otras series que este burgomaestre considera la obra “no firmada” de Raf . En la viñeta que nos ocupa, publicada en el Tio Vivo número 174 de la segunda época, de fecha 6 de julio de 1964, el simpático extraterrestre que nos dibuja este Raf de los inicios de los años sesenta nos ofrece su visión de esto que viene apasionando a media humanidad las últimas dos semanas: el fútbol.

11 Comments:

Blogger Los Burgomaestres said...

Gran entrada, compañero burgomaestre. Y a Peña, eso de los hombrecillos verdes, como que los prefería más hombretones...

lunes, junio 19, 2006  
Blogger Los Burgomaestres said...

jajajaja! Tan hombretones que hasta le pueden al temible Don Berrinche. Que, por cierto, es un hacha¡¡Qué tío, qué energía irradia!! Cómo se la envidio... cómo me gustaría ser como él e ir de aquí para allá: "¡Pim, pam!" y a otra cosa. Pero bueno, uno es más tipo Ofelio, qué le vamos a hacer...

lunes, junio 19, 2006  
Blogger choko said...

Sí, los extraterrestres de Peña parecen jugadores de pelota vasca.
Nunca me había parecido tan evidente la condición de Don Berrinche de dibujo "animado".
Habría que ver esas teorías de los cientificos bruguerianos tan "recauchutantes" y "superrepedánticas", siempre inventándose palabras nuevas para enmascarar sus catástrofes.

martes, junio 20, 2006  
Blogger Chespiro said...

Siempre agradable volver a ver a Don Berrinche.
Precisamente, en cuanto tenga un mínimo de tiempo, este personajillo será el protagonista de mi próxima entrada bloggera.
Para mí, el mejor de Peñarroya.

martes, junio 20, 2006  
Blogger dibi said...

me gustais

martes, junio 20, 2006  
Blogger Gordito Relleno said...

¡Qué bonitos los marcianos de Peñarroya! ¡Si son Gorditos Rellenos con cuernecitos! Me ha encantado la entrada, con Cosmolito incluido.

martes, junio 20, 2006  
Blogger Los Burgomaestres said...

Gracias, amigos, por los comentarios y, especialmente al recién venido (o venida)"dibi", que con su concisión nos ha azorado un tanto... En fin, ya hemos dicho que Don Berrinche es uno de nuestros personajes favoritos y seguro que volverá a aparecer por aquí, con su frenético ritmo. Apostamos a que hará una excelente entrada sobre él, amigo chespiro.

miércoles, junio 21, 2006  
Anonymous fulgencio pimentel said...

Hola, mandamás.

Es mi primera incursión en tu blog y quería preguntarte, ¿has hecho más entradas anteriores centradas en Peñarroya? Es que yo por mi parte tengo auténtica fijación por Don Pío y por una época suya en concreto, creo que la de primeros o mediados de los 50, cuando era en bitono y aún no había aparecido el niño repelente ése que tienen después.

No sé si el respetable recuerda aquí una historia, recopilada en aquel "Genios de la Historieta" que incluía también a Jorge, Vázquez y Cifré, en la que Pío abandonaba una tarde pronto de la oficina porque se encontraba francamente pocho y débil. Ya en casa, la sargenta le recordaba que esa noche tenían un compromiso en casa de los Mengánez, así que don Pío cedía a regañadientes. Al llegar a la casa aquella, Pío se iba animando y acababa demostrando sus dotes de bailarín con la concurrencia, a lo que su señora reaccionaba irritadísima y llevándoselo a rastras. Es, de lejos, la historieta en la que su acusada misoginia recibe un tratamiento más sutil y brutal a un tiempo. Revisénmela y diganme si no es una auténtica gozada.

Con permiso.

martes, junio 27, 2006  
Anonymous Anónimo said...

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viernes, febrero 16, 2007  
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