Lady Filstrup (3ª época)

Dedicado a la música ligera, actores españoles y tebeos de Bruguera (porque sí, porque rima).

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miércoles, julio 12, 2006

¡¡En guardia!!



¡¡Todos para uno...

Quizá no es un mito que goce de la mejor salud, pero “Los tres mosqueteros”, como mito de la cultura popular, todavía alienta lo bastante como para no poner en duda su universalidad y vigencia. Y en lo que toca a este weblog (o lo que sea) cabe constatar que la obra de Alejandro Dumas (1803-1870) ha dejado huellas visibles en el universo Bruguera y sus aledaños, afirmación de cuya validez ya tuvimos un testimonio en la entrada de febrero pasado, llamada “El ojo hambriento”, que tenía el valor de la ilustración debida al arte de Carles Freixas. Pero, sin duda, hubo muchas más ocasiones en las que la obra de Alejandro Dumas se vio reflejada en los tebeos Bruguera. Que las aventuras de D’Artagnan, Athos, Portos y Aramis formaban parte de la memoria colectiva y que estaban en la mente de todos daba fe, y traída aquí a título de ejemplo, la portada del DDT número 265, de junio de 1956, en la que Peñarroya dotaba de espíritu de competición deportiva a los enfrentamientos entre los mosqueteros y la guardia del cardenal Richelieu. Con ello, el gran Peña dejaba constancia de una de sus temáticas predilectas, la deportiva, y con la presencia de la guapa señorita del primer término, también daba lugar a otra de sus predilecciones: la belleza femenina. Por lo demás, es una portada, como todas las suyas, magistral, en la que destacamos el acierto (habitual en él) en la caracterización efectiva de los personajes (incluyendo,además de a los mosqueteros, al criado Planchet y la seductora Milady), el buen gusto en la composición y la simplicidad expresionista de las líneas.



Las hazañas del caballero gascón, D’Artagnan, las tomó Dumas de las memorias apócrifas de un aspirante a mosquetero de tal nombre escritas por Gatien Courtils de Sandras en 1700 que sacó de la Biblioteca Real. Su versión de la historia (que modificó muy sustancialmente y que trasladó por mejor convenir a la edad del protagonista de 1610 a 1625) y que escribió en colaboración con Adrien Maquet (Dumas tenía una especie de taller de “negros” que le redactaban gran parte de su producción) se publicó en 1844 en forma de serial por entregas primero en el periódico “Le Siècle” y como novela, después. Al año siguiente se publicó su continuación, “Veinte años después” y en 1850, la tercera parte de la trilogía, “El vizconde Bragelone”. De los tres, es el primer título el que ha cautivado a más millones de lectores y de espectadores de sus adaptaciones a la pantalla. De la amistad y camaradería del joven D’Artagnan en la Francia de 1625 con los mosqueteros de su majestad Luis XIII y de las intrigas palaciegas en la corte de éste a cargo del cardenal Richelieu, con la intervención del duque de Buckinham y de la reina Ana de Austria, varias generaciones han disfrutado en todos los formatos imaginables. El medio quizá más poderoso, el cine, ha servido esta historia en diversas ocasiones y ha difundido el imaginario mosquetero entre la población mundial a través de títulos como los dirigidos por Fred Niblo en 1923, Alan Dwan en 1939, George Sydney en 1948, Richard Lester en 1973 y Stephen Herek en 1993, por citar sólo las adaptaciones de mayor presupuesto y difusión.

...y uno para todos!!

Bruguera, con su colección “Historias”, de aparición quincenal, hermanó, en forma singular, literatura e historieta. A pesar de que en la publicidad (tal como podemos constatar en el anuncio a toda página, en la contraportada de un DDT, publicado en noviembre de 1957, ilustrado con deliciosos papanoeles de Peñarroya), presentaba las páginas con viñetas como una posibilidad de visualizar el texto previamente leído, muchos encontraban en la narración resumida en ellas como el medio para enterarse del argumento sin necesidad de hacer el esfuerzo de leer la novela. Sea por esta invitación a entregarse a la pereza, sea por el atractivo diseño del formato, la colección tuvo un éxito innegable.

Parte del mérito del suceso de la colección “Historias” residía en el fenomenal trabajo gráfico en que se sustentaba. Si en otra ocasión hablamos de las magníficas portadas de Vicente Roso, en el caso que nos ocupa, es Bosch Penalva, el otro artista habitual encargado de tantas portadas de la editorial (tanto de libros como de revistas como “Can Can”), quien ha plasmado la escena de capa y espada que tenía la misión de incitar al lector a la compra y lectura del volumen. Antoni Bosch Penalva (1925 -?), sensacional ilustrador y portadista, dibujante y guionista (inicialmente, ya que luego se encargó de esta tarea Rafael González) de Silver Roy, uno de los escasos superhéroes genuinos creados para Bruguera, produjo un sinfín de portadas para la colección Héroes y otras de la editorial. Esta que vemos aquí, que reproduce uno de los muchos combates a espada de los que acontecen en la novela de Dumas de la que nos ocupamos hoy, corresponde al número 10 de la colección y se publicó en febrero de 1956. El artista que se ocupó de narrar con imágenes las peripecias del folletín fue Miguel Ambrosio Zaragoza, Ambrós.

50 años (y pico) de Ambrós

Con motivo de la conmemoración del primer cincuentenario de existencia del héroe de tebeo español, el Capitán Trueno, Ediciones B ha editado un libro homenaje de gran formato, titulado “El gran libro del Capitán Trueno. 50 aniversario” y escrito por Armonía Rodríguez esposa del “creador” del personaje y, en cierto modo, por tanto, su madrastra . A este burgomaestre le resulta significativa y lamentable la omisión en dicho volumen del trabajo previo al Capitán Trueno de Ambrós. Tal como podemos comprobar viendo las viñetas aquí reproducidas, el dibujante valenciano ya había creado gráficamente al Capitán meses antes de que Víctor Mora le hablara de él. Su visualización de D’Artagnan coincide exactamente con la del justiciero medieval (tras oportuno rasurado de los finos bigotillo y perilla, y cambio de vestimenta, por supuesto). Toda la nobleza y la integridad que transmiten las facciones de Trueno están ya en las de D’Artagnan. Tanto la limpieza de su mirada, como el brío heroico de sus acciones, ya podemos encontrarlos en los dibujos de este tomo de la colección “Historias” publicado, recordémoslo, en febrero de 1956. Tres meses antes de que el Capitán Trueno saliera a los quioscos. Por eso querríamos celebrar los 50 años (y pico) del nacimiento del héroe de Ambrós, cuyo nombre lo podría ir cambiando el guionista de turno, pero que siempre había sido el mismo, desde que su creador le diera forma. Y no es que en el libro de ediciones B no se le conceda al dibujante su parte de responsabilidad en la creación gráfica del popular héroe, lo que este burgomaestre considera es que la omisión de este trabajo previo, de tan evidente interés, no deja de resultar, como mínimo, poco rigurosa. La valía de Ambrós como creador de iconos en mayor medida aún que como excelente dibujante, se merecía ese reconocimiento.

Espadini, el espadachín de Bruguera

En los años sesenta, la fuente de inspiración original de la llamada Escuela Bruguera (básicamente, la creatividad de unos pocos hombres, capitaneados por un líder: Rafael González), que se había ido diluyendo bajo el influjo de nuevos medios y nuevos creadores, había dado paso a fuentes de inspiración alternativas. Una de las más importantes fue la televisión, un fenómeno social que en España alcanzó su máxima difusión y eco social a finales de la década. Efecto de esta influencia, Cubero, uno de los recién llegados en aquellos momentos, se especializó en las parodias de las series de la pequeña pantalla, menester al que se entregó durante su etapa en el TBO en los años setenta y del que dio muestras en su serie “Ponderoso Joe”, personaje del que hablamos en su día en la entrada titulada “Ponderando a Ponderoso”. Pues bien, del mismo modo que este personaje del género Western se aproximaba de refilón al fenómeno de Bonanza, Espadini , tomaba prestado el género de aventuras de espadachines (o de “capa y espada”) para dar sustancia y ambientación a sus peripecias. No obstante, y del mismo modo que sucedía con Ponderoso, Espadini no deja de ser el mismo hombre insignificante habitual que habita las páginas de los tebeos bruguera, alejado de cualquier heroicidad y caracterizado por un aspecto físico propio del españolito medio (de hecho, es tal la identidad con Ponderoso Joe que se diría que son el mismo personaje asistiendo a dos fiestas de disfraces distintas). Ese hombre insignificante habitual que, ataviado de caballero del siglo XVII vive acuciado por las estrecheces económicas y por sobrinitos latosos estuvo transitando por el DDT entre 1967 y 1968 (sucediendo así, en el tiempo a Ponderoso Joe, que se había publicado entre 1966 y 1967) sin dejar un recuerdo excesivamente memorable. Su evolución como personaje fue despojándole de sus señas de identidad propias y si en las primeras historietas todavía se ocupaba de desfacer algún entuerto y había de desenvainar la espada y cruzar aceros con otros espadachines, con el tiempo estas lides fueron haciéndose más y más impensables, al tiempo que el personaje se iba despojando de elementos externos, como el propio sable, o como el sombrero con pluma de avestruz, terminando por parecer un oficinista con correa cruzada sobre el torso y melenita.

El arte de Cubero está todavía lejos de alcanzar su madurez. Podemos observar la tosquedad de su técnica narrativa e incluso las dificultades que tiene para que los personajes se miren entre sí en las viñetas. Tampoco las expresiones están demasiado logradas. Gráficamente recuerda de forma poderosa a la escuela de dibujantes americanos de dibujos animados de la productora Arthur Rankin Bass, concretamente, a Paul Coker jr. a quien Cubero pudo conocer también por sus trabajos para la revista Mad, donde, dicho sea de paso, se hacían parodias de series norteamericanas muy semejantes a las que él realizó (en versión tolerada para todos los públicos) para el TBO.

La odisea mosquetera de TVE

En este weblog tenemos muy presente el quincuagésimo aniversario de Televisión Española. Ya lo hemos festejado con excusas diversas y hoy que hablamos de los Tres Mosqueteros, no podíamos dejar pasar la oportunidad de recordar la serie que TVE emitió, en su recordado espacio “Novela”, adaptando (libremente, según el guión de Pedro Amalio López y Juan Felipe Vila-San Juan) la obra de Alejandro Dumas. El estreno se produjo, con la emisión del primer capítulo, el lunes 19 de octubre de 1970 y su emisión se prolongó a lo largo de veinte capítulos, de media hora cada uno, todo lo trepidantes y emocionantes que cabía esperar. Sancho Gracia, que alcanzaría el su máxima popularidad encarnando al bandolero Curro Jiménez siete años más tarde y su cima interpretativa otros siete años después dando vida al asesino Jarabo en un episodio de “La huella del crimen”, dirigido por Juan Antonio Bardem, se incorporaba al estrellato televisivo al dar vida al caballero gascón, D’Artagnan. Le acompañaban en el reparto Víctor Valverde, en el papel del desgraciado Athos, Joaquín Cardona, como el fortachón Portos y Ernesto Aura era el espiritual Aramís. Un elenco de hermosas mujeres y fenomenales actrices (verdaderamente a cuál más guapa) se encargaban de los papeles femeninos: Elisa Ramírez era Milady de Winter, Mónica Randall interpretaba a la reina Ana de Austria y del personaje de la desdichada Constanza se hacía cargo Maite Blasco. El resto del reparto lo constituían Francisco Piquer, com Treville, Félix Navarro, como el criado Planchet, Ramón Corroto, en el papel de Luis XIII, Jorge Serrat era el duque de Buckingham y, por último, del intrigante cardenal Richelieu hacía Alejandro Ulloa.

Toda una superproducción

La aspiración del equipo del departamento de dramáticos de TVE encargado de la realización de “Los Tres Mosqueteros” consistía en superar (o al menos, reeditar) el éxito de una producción anterior que había gozado del fervor popular, otra adaptación de Dumas, “El conde de Montecristo”, que convirtió a Pepe Martín en una estrella televisiva. Para alcanzar tal objetivo, no se reparó en gastos ni en esfuerzos técnicos ni artísticos. La duración del rodaje, barómetro fundamental para medir la ambición de un proyecto cinematográfico o televisivo, se prolongó a lo largo de cuarenta y cinco días de jornadas maratonianas. Tanto Juan Felipe Vila-San Juan (productor ejecutivo, además de adaptador del texto) como Pedro Amalio López (realizador de la serie y también adaptador, responsable, asimismo, de la realización de la anterior adaptación de Dumas mencionada, de tan colosal éxito), en sendas entrevistas concedidas a Teleradio (el semanario de TVE) en el número correspondiente a la semana del estreno de la serie, no cesaban de destacar la participación activa de toda clase de especialistas técnicos y artísticos que habían contribuido a hacer de la nueva serie una cima en la aún breve historia de la televisión en España.

La filmación de la serie se verificó en los estudios de Miramar, en Barcelona y Hospitalet y en decorados naturales (Palau Nacional de Montjuich y Castillo de la Plana Novella) y en exteriores en Beuges, Santa Creu de Olorde y Sant Feliu de Codines. Se puso especial cuidado en las escenas de masas, como la muy compleja del baile de los herretes, con más de ochenta participantes (Orfeó Gracienc incluido) y en las numerosas escenas de acción, verdaderamente esenciales, que debían resultar creíbles por encima de cualquier otra circunstancia, dada la naturaleza misma del género en que se encuadraba la historia narrada.

“Los Tres Mosqueteros” no alcanzó el mismo éxito ni la misma repercusión que “El conde de Montecristo”, y tal vez vista hoy en día la serie pudiera resultar hasta risible. Pero, ciertamente, a este burgomaestre, con siete añitos recién cumplidos, la contemplación de este torrente de imágenes y conceptos como: la esgrima, cabalgadas, duelos, estocadas, saludos con el sombreros de ala ancha que barrían el suelo con su pluma, el veneno, la traición, el espionaje, la amistad, el compañerismo, el sacrificio, el infortunio, el amor, la lealtad, entrechocar de jarros de vino de borgoña, bailes reales, cardenales siniestros, mujeres malas y buenas mujeres...le produjo una especie de conmoción de la que hoy todavía no se ha recuperado del todo...36 años después.

Sin duda, el atrevimiento de TVE, teniendo en cuenta la universalidad de la narración escogida y los suntuosos antecedentes cinematográficos existentes (pensemos que, por ejemplo, Sancho Gracia había de suceder nada menos que a Douglas Fairbanks o a Gene Kelly en el rol de D’Artagnan), era digno de encomio. Y es que, en aquellos años, ser atrevido en televisión no significaba (como ahora) llenar la pantalla de freaks, ni de happenings escatológicos o descerebrados. El departamento de espacios dramáticos de TVE era atrevido porque adaptaba, para su disfrute por parte de un público masivo, obras maestras de la literatura. Como muestra, un ejemplo. La misma semana en que iniciaba su emisión “Los Tres Mosqueteros”, en el espacio Estudio Uno se ofrecía un ”Hamlet” en versión de Antonio Gala, dirigido por Claudio Guerín, con Emilio Gutiérrez Caba en el papel de príncipe danés, con Maribel Martín como Ofelia y con Gerardo Malla como Alertes, y con Fernando Cebrián y María Luisa Ponte como reyes de Dinamarca. Entre el atrevimiento de antaño y éste que podemos contemplar hogaño, existe una gran diferencia.

PD: ¿Hay alguna otra divisa más hermosa que la de los Tres MOsqueteros? Déjenme que la repita una vez más: "¡Todos para uno...y uno para todos!"
Nota: La viñeta en color de Espadini es del Almanaque para 1968 del DDT, las demás son de los números :DDT 60: 9-9-68,DDT 39: 15-4-68,DDT 24: 25-12-67,DDT 12: 2-10-67,DDT 11: 25-9-67. Las fotos de la serie de TVE se han tomado todas del ejemplar de Teleradio número 669, de 19-10-70.

9 Comments:

Blogger Dionisio Platel said...

Es famosa la frase "ni el propio Dumas ha leido todo lo que Dumas ha escrito" tal fue su cohorte de negros escribidores.

Yo tenía 5 años y todavía recuerdo la fuga del Conde de Montecristo. Del pequeño Sancho Gracia como D'Artagnan me acuerdo menos, se me quedó más la afilada nariz de Elisa Ramírez.
Saludos.

viernes, julio 14, 2006  
Blogger Los Burgomaestres said...

Efectivamente, amigo rincondetaula. En el mismo sentido juega la anécdota según la cual un día que se encontraron Alejandro Dumas padre y Alejandro Dumas hijo, el padre espetó a su retoño:
-¿Has leído mi última novela?
A lo que el hijo respondió:
-Yo, sí. ¿Y tú?
Gracias por la visita y el comentario.

viernes, julio 14, 2006  
Blogger Gordito Relleno said...

De Cubero tengo más recuerdos de su participación en el TBO con una página dedicada al fútbol y otras muchas historietas sin personaje fijo, en muchas ocasiones basadas en series de éxito de TV muy en la línea de lo que nos descubren en esta participación que tuvo en Bruguera.

viernes, julio 14, 2006  
Blogger Los Burgomaestres said...

Pues sí, amigo Gordito, podría decirse que Cubero es más TBOiano que brugueriano... y algo "paulcokeriano Jr.", también.

viernes, julio 14, 2006  
Anonymous La barretina escarlata said...

Ya sólo me faltaría oir que Don Quijote de la Mancha se titulaba en realidad "El Quixot" y que lo escribió un tal Miquel de Sirvent, que dicen que por aquél entonces estaba muy de moda escribir en catalán y luego traducir la obra a la hora de publicarla. Que fort !!!

viernes, julio 14, 2006  
Blogger Los Burgomaestres said...

Sí, bueno, amigo barretina, si uno hace caso a los historiadores va listo. Siempre sale el estudioso de turno con la copla de que ni Goya pintó las pinturas negras, ni Leonardo la Gioconda, ni Colón descubrió América, ni la Guerra de los Treinta Años duró treinta años, ni los siete niños de Écija eran tan niños ni eran siete. De todos modos, si se confirma esta teoría del Quixot català, le advierto que entonces estará usted obligado a leerlo. Cuidado.

viernes, julio 14, 2006  
Anonymous Anónimo said...

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martes, febrero 06, 2007  
Blogger carmet28c said...

me ha gustado mucho leer este blog que he encontrado hoy. Cuando emitieron "los tres mosqueteros" en tve yo era pequeña pero tengo muy buen recuerdo de ella. Vi por primera vez a Sancho Gracia y desde entonces le admiro mucho.Es un esplendido actor. Y me encanta ver las fotos de esta serie. Saludos

jueves, septiembre 27, 2007  
Blogger Los Burgomaestres said...

Muchísimas gracias por el comentario, amiga carmet28c. Ilusiona especialmente encontrar nuevos lectores de entradas viejas. Y, personalmente, como burgo responsable, debo decirle que le tengo un especial cariño a esta, en concreto, por recordar esta entrega de la serie "Novela", tan especial y de tan grato recuerdo para él (y, por lo visto, para usted). Un abrazo.

jueves, septiembre 27, 2007  

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