Lady Filstrup (3ª época)

Dedicado a la música ligera, actores españoles y tebeos de Bruguera (porque sí, porque rima).

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martes, septiembre 05, 2006

Cifré y el problema de la vivienda


Pórtico
En la medida en que el hombre se diferencia del caracol o de la tortuga, siempre ha encontrado que en su ánimo anidaba la preocupación por hacerse con una protección permanente para su frágil osamenta y un cobijo que lo librara de los rigores de la intemperie. Tal vez eso explique cómo es posible que, transcurridos cincuenta años, y dadas unas circunstancias sociopolíticas prácticamente opuestas, la sociedad civil española actual perciba como uno de los problemas más acuciantes el de poder disponer de una vivienda, del mismo modo que se percibía en pleno franquismo. La coincidencia, no obstante, cabe calificarla de paradójica, ya que se trata de mera apariencia. Las diferencias de matiz son tan pronunciadas que, vistos con la debida perspectiva, los problemas de hoy no lo son tanto. Testimonio de la inquietud que producía la falta de una vivienda digna es la obra de Guillermo Cifré Figuerola (Cifré), un dibujante de bonhomía casi angelical que disponía de una sensibilidad social que evidenciaba en cada página.

Tremendamente consciente
Así era Cifré para las penurias económicas y por el modo en que éstas podían inmiscuirse en el feliz desarrollo de la existencia humana. Nadie como él sabía retratar, con comprensiva delicadeza y exquisito gusto, las más humildes condiciones de vida. Suyas son las chabolas de Bruguera y sus aledaños (el Tio Vivo independiente). Lo vimos en una historieta de Don Tele, hace unos meses, y lo podemos contemplar hoy en diversas muestras que hemos traído. Cifré fue, probablemente, de todos los fundadores de la llamada Escuela Bruguera, el que tuvo mayor predisposición para retratar la realidad social en su esencia. Sus personajes románticos, los enamorados del amor Cucufato Pi y Golondrino Pérez, debían arropar sus enardecidos corazones con modestas economías; a su Furcio Buscabollos, la indigencia más absoluta le azotaba cruelmente; el reporter Tribulete no le hacía ascos al reportaje de corte social, y dos de sus creaciones más personales(no olvidemos que la paternidad de los anteriormente citados, con excepción de Golondrino, cabe atribuírsela a Rafael González), Filiberto y Amapolo Nevera eran auténticos buscavidas, cazadores furtivos de duros y pesetas que bien pocas piezas cobraban.
Dentro de esta particular sensibilidad para lo social, Cifré reflejaba en su trabajo una especial atención hacia el problema de la vivienda. Las ciudades españolas, en los años cincuenta, están recibiendo un flujo migratorio que en modo alguno pueden absorber. Se construye poco en España y la vivienda disponible escasea y no está al alcance de los bolsillos de la gente trabajadora, que llega en muchos casos a las ciudades provinentes del mundo rural, carente de recursos, y se encuentra obligada a alojarse precariamente en chabolas, o como realquilados en una habitación con derecho o no a cocina. O bien, como fue el caso del propio dibujante, tal como relata Francisco González Ledesma en su libro de memorias “Historia de mis calles”, se ven obligados a vivir en casa de los padres, en la de los suegros, en el caso de Cifré (lo que explicaría desde un punto de vista personalista, la perfecta comprensión de la dimensión del problema). Esta realidad cotidiana (de la que, por cierto este burgomaestre puede dar fe, casi de primera mano, pues sus padres fueron de esos españoles que se vieron en la necesidad de, allá por los cincuenta, habitar, por algún tiempo, una tan modesto domicilio, como lo fue una chabola) halló expresión y acomodo en las imágenes de los tebeos Bruguera, de manera indirecta en muchas ocasiones y, en otras, en forma explícita.

Tener una casita
Del modo que sea, el hombre medio aspira a poseer un lugar al que llamar hogar, o, la menos, un sitio que le sirva para recogerse y medrar en lo posible. Este anhelo, que recoge la Constitución Española vigente en forma de derecho fundamental, era, en los años cincuenta, mucho más inalcanzable de lo que es hoy. Un españolito contumaz, inguo, ilusionado, expectante y heroico en su afán, sostiene una plaquita con el número de la casa que confía en habitar algún día, en la portada del DDT 508, publicado el 6 de febrero de 1960. Cifré lo ha dibujado con la maestría habitual y sin subrayar la nota grotesca o ridícula de la situación (cosa que habría podido quizá aumentar la comicidad de la escena). Al contrario, reviste a su personaje de dignidad y derrocha comprensión hacia él.

Las casas de antes
Cifré parece sufrir la nostalgia de los hogares de antaño, esos que hoy se nos presentan ya lejanísimos. Su insistencia en menospreciar las construcciones modernas por su endeble condición o sus minúsculas dimensiones se refleja en diversas portadas.
Las casas prefabricadas, que podrían parecer una solución barata y eficaz al problema planteado por la escasez de viviendas, a Cifré le suponen una fuente de incomodidades y conflictos. En la portada del DDT 17, de septiembre del 51, retrata a un matrimonio desigual, en el que el marido ostenta el rango inferior, acoquinado ante el creciente enojo de la esposa ocasionado por el retraso de la empresa que debe instalarles la casa prefabricada. La belleza pictórica de la escena, en la que se presagia una temible tormenta, confiere un clima poético a la angustiosa situación. El hombrecillo, rodeado de sus escasas pertenencias y bajo la amenaza de una feroz represalia por parte de su cónyuge, presenta un expresión de una humanidad emocionante. La riqueza de los detalles nos traslada un verismo inusual, demoledor en algunos casos (ese retrato del personaje femenino, de cuando aún era joven y hermosa), y tierno en otros (el minino que dormita beatíficamente, ajeno al drama).
Bastantes años después, en enero de 1962, año del fallecimiento del dibujante, otra portadas, esta vez la del DDT 557, vuelve al tema de las casas prefabricadas para recordarnos lo frágiles que son. Un pelotazo de un niño ha reducido a escombros una de ellas. Una llamada desde un teléfono público exigiendo responsabilidades, con el resultado del derrumbe como fondo, constituye el núcleo de la ilustración. La expresión de estupefacción del niño, causante involuntario del desastre, pone de manifiesto lo absurdo que resulta pretender hacer una vida “de verdad” en “casas de mentirijillas”.

El otro inconveniente de las viviendas modernas (del “ahora” de hace cincuenta años) que encontraba Cifré y que le hacía añorar las antiguas, era la falta de espacio. En las portadas de los Tio Vio número 2 (2ª época) y DDT 415 (de fechas de marzo de 1961 y abril del 59, respectivamente) nos encontramos con socorridas y chocantes soluciones a esta carencia. Con gran resignación por parte del anfitrión que debe sorber su sopa, paraguas en ristre y, más animados, por parte de los que reciben a sus invitados en un tablón añadido al balcón, los personajes de Cifré se valen del ingenio para paliar la evidencia de que, a diferencia de las espaciosas casas de otros tiempos, los tiempos modernos y la especulación del suelo no permiten tener invitados en casa.

El muerto al hoyo...
La desesperación lleva a encontrar ventajas hasta a los más luctuosos acontecimientos. El abismo de la defunción de un semejante puede abrir la puerta a un nuevo morador de su vivienda vacía. El lecho mortuorio que ocupará el cadáver ha dejado libre el recinto en que confinaba su cuerpo animado. El dolor de la pérdida quedará mitigado por el beneficio de la ganancia. Este razonamiento, así expuesto en distintas oportunidades en el celuloide (“El pisito” –Marco Ferreri, 1958-, “El inquilino” –J.A. Nieves Conde, 1958-) ya se recogía en la historieta de Cucufato Pi del Pulgarcito 170, de junio de 1951, titulada “El difunto es un vivo”, en la que ante el inminente suicidio de un conocido, el protagonista encuentra la oportunidad para acceder a una vivienda y poder, al fin, casarse con su adorada novia, Laurita. Es una historieta, como todas las de esta época, preñada del humor verbal de Rafael González, con unos diálogos que apenas dejan sitio a los muñecos de Cifré. Como para resarcirse, el mago del lápiz que fue Cifré, se descuelga con dos viñetas antológicas de formato panorámico, una en la que diseña magistralmente un escenario (el piso en cuestión, sito, naturalmente, en la calle del Besugo, 13), y otra en la que retrata un espléndido y variado grupo de figurantes callejeros. Anotemos que la historieta lleva el mismo título que dos películas producidas por Ignacio F. Iquino, sendas versiones de la misma historia, la primera de las cuales, dirigida por el mismo productor en 1941, Cifré debía conocer y admirar en el momento de dibujar su historieta. En la segunda versión, de 1955, dirigida esta vez por Juan Lladó (el prematuramente desaparecido cineasta, que este burgomaestre barrunta quizá hermano del redactor de Bruguera y guionista de Cifré, José María Lladó) Armando Matías Guiu es co-autor del guión.
Tal vez sea interesante en este punto comparar las tres obras citadas que comparten el tema de lo que podríamos llamar “vivienda heredada”. Tenemos la película de Nieves Conde, “El inquilino”, en la que la pareja protagonista (Fernando Fernán Gómez y María Rosa Salgado) ha de vivir la angustia de verse desahuciada y la desesperación de no encontrar una vivienda. Tan es así, que en un momento concreto, llegan a seguir un séquito funerario con la esperanza de dar con una. La amarga visión de la situación que la cinta ofrecía (con retrato de tintes negativos para los constructores incluido) le valió ser considerada peligrosa y una verdadera afrenta para el ministro de la Vivienda, el señor Arrese, por lo que fue mutilada, desvirtuando su final (se añadió uno triunfalista en el que el Régimen intervenía milagrosamente, proporcionando una furgoneta rotulada "La Esperanza" que transportara a los protagonistas hasta su ansiada vivienda) y retrasando su estreno varios años (entre tres y siete, según las fuentes consultadas). Ello no impidió que la película se alzara con un premio internacional en el Festival de Karlovy-Vary, pero, no obstante la obtención del galardón, la película y la carrera de su director se vieron gravemente perjudicados por la acción de la Censura franquista, la cual, por otra parte, en nada benefició a los ciudadanos que buscaban un piso en el que vivir dignamente.

En la película de Nieves Conde, el tema, realmente, es sociológico. Los personajes no pasan de ser un reflejo de una situación coyuntural y su interés consiste, fundamentalmente, en testimoniar y denunciar un realidad económica, política y social concreta, de forma parecida a cómo, en un film anterior, “Surcos” (1951), había retratado el éxodo del mundo rural al urbano (en gran mediad, génesis del problema subsiguiente, por lo que podría considerarse “El inquilino”, como una consecuencia de “Surcos”). Para lo que interesa en esta entrada, la anecdótica persecución de la comitiva del funeral, valga decir que, en este caso, el difunto no es ningún vivo, y que, el pobre, no se entera de nada, como es obligación de todos los fallecidos.
En cambio, en “El pisito”, la película cuyo guión escribieron Rafael Azcona y Marco Ferreri (el propio director), mucho más conocida y difundida que la de Nieves Conde (tanto es así que hasta se ha beneficiado ya de su lanzamiento en DVD), se nos cuenta una historia de personajes ( que, sí, evidentemente, se desarrolla en un contexto determinado, el cuan condiciona sus acciones) cuyas relaciones constituyen el eje fundamental de la película. En este caso, el papel de la futura fiambre se revela amucho más protagónico y es esencial en la acción. Revelando un error de cálculo de sus “herederos activos” (Mary Carrillo, genial como una especie de Lady Macbeth y José Luis López Vázquez, enorme como el manipulado varón –en una tradición argumental que va desde Adán hasta el propio Macbeth), la anciana “donante” goza de mucha mejor salud de lo deseable y si termina cediendo la vivienda no es por efecto de la inercia del transcurso del tiempo, precisamente.

Otro que no deja así como así el mundo de los vivos es el suicida aficionado de la historieta de Cifré. Tras prometerle a Cucufato Pi que podrá habitar su desalojado domicilio, el que había de pasar a mejor vida, lo hace, en efecto, pero sin dejar por ello de respirar. Pasa de vivir las angustias de pagar un alquiler a vivir de gorra en casa de Cucufato y Laurita. Como compensación, promete contar graciosísimos cuentos checoeslovacos.

Por último, dada la coincidencia temporal y que trata de un tema relacionado con esta entrada, anotemos que sobre las deficiencias de las modestas viviendas a las que un matrimonio joven podía aspirar a obtener en estos años, es testimonio una memorable secuencia de película más de este mismo año 1958, la genial “La vida por delante”, de Fernando Fernán Gómez. Cuando al personaje interpretado por Analía Gadé, el pisito que habita con su pareja se le cae a trozos y se revela en toda su paupérrima dimensión, se está efectuando ante el espectador una atinada (y divertida) disección de una situación social. Lo mismo que Cifré hacía con sus ilustraciones en estas portadas para el Tio Vivo número 36 (de marzo del 58) y del DDT 264 (de mayo del 56). En la primera, la situación tiene mucho que ver con la descrita en “El inquilino”, en la segunda, esa pareja que sale de la iglesia en la que se acaban de casar, buscando afanosamente piso en la sección de anuncio clasificados por palabras participa del espíritu emprendedor y esforzado de los (anti)héroes de Fernán Gómez.

...y en el 3000, también

Cifré mantuvo su preocupación por la consecución de un techo bajo el que cobijarse hasta el fin. Y más allá, porque en el DDT dedicado al año 3000, publicado en 1961, haciendo una previsión que parece que nos obstinamos en hacer cumplir, entregaba media de chistes sobre su tema recurrente. Las circunstancias podrán cambiar con el paso de los siglos, parece decirnos, pero algo le estaba diciendo al bueno de Cifré que el hombre siempre querría poseer un lugar seguro en el que descansar, gozar y protegerse a él y sus seres queridos y sus propiedades y que de esa necesidad imperecedera, siempre habría alguien dispuesto a aprovecharse para enriquecerse, a abusar, en suma. De momento, hay que ir dándole la razón, ¿no?

Nota: el Tio Vivo 26 se publicó el 18 de diciembre de 1957. El guión de “El inquilino” lo firmaron Manuel Suarez Caso, José Marí pérez Lozano y José Antonio Nieves Conde, aunque la versión que pudo verse (poco) tenía un cuarto guionista en forma de censor (no acreditado).
Nota2: Creo haber resuelto el enigma del señor calvo con puro de la redacción de Bruguera que aparecía en una imagen de la entrada anterior, extraída del Almanaque del DDT para 1956. La calvicie y el puro, además de su situación, cerca de Matías Guiu (o sea, de redactor), me inclinan a creer que se trata de José María Lladó, a quien Francisco González Ledesma describe admirablemente en su libro de memorias “Historia de mis calles” (2006, Ed. Planeta). Todo un personaje: escritor, rojo represaliado, mujeriego, ocurrente genial, rebelde y vividor. Si fue hermano o no del director Juan Lladó, no he podido comprobarlo, todavía.

miércoles, enero 11, 2006

Don Vázquez Buscabollos


Más guiños. Ahora es Vázquez quien le guiña su ojo de pícaro moderno a su maestro Cifré. Hay un correlato de magisterio y admiración entre el que siente Vázquez por Cifré , y el que va a sentir luego Ibáñez por el morrocotudo Vázquez. Ahí está es la línea de acero de Bruguera. Cifré es 8 años mayor que Vázquez, y cuando éste último llega a Bruguera, Cifré hace apenas un año que se ha estrenado en la empresa con el Reporter Tribulete y con Las Tremebundas Fazañas de Don Furcio Buscabollos . La empresa asimismo acaba de refundar la revista Pulgarcito. Cifré, Vázquez, Bruguera, Pulgarcito…, están inaugurando en esos días la edad de oro del tebeo español. Apenas un lustro después, cuando Ibáñez llega a Bruguera, Vázquez (que le lleva 6 años de edad al recién llegado Ibáñez) ya tiene la gloria de Anacleto, las Hermanas Gilda y la Familia Cebolleta, además de otro buen puñado de series en danza. El aprendiz es ya un maestro. Vázquez se había presentado en Bruguera siendo un chavalín y tuvo que mentir sobre su edad para que le contratasen, y así se formó entre los lápices de Cifre, Peña, Conti, Escobar, Giner…Al dibujo de Vázquez y al de Cifré los une un dinamismo de dibujos animados, que hace que las historietas de ambos desfilen por sí mismas, bailen y se encabrillen ante los ojos de los lectores. En estas viñetas, tomadas de un Mister Lucky (Cuadernos Humorísticos Pulgarcito, con fecha de 1948 en algunas planchas), el personaje de Vázquez se empeña en hablar a la italiana como el Don Furcio de Cifré; pero no hay que olvidar que uno es un buscabollos y el otro un buscavidas.

viernes, febrero 03, 2006

El exacerbado amor al amor de Cifré

Como proyecto independiente, autogestionado por los dibujantes, el Tio Vivo necesariamente tenía que brindar un terreno abonado a la creatividad más personal que el anterior, la brugueriana visión del mundo, en gran medida debida a Rafael González. Siendo esto verdad, no es menos cierto que la continuidad con el trabajo previo de los Conti, Peñarroya, Escobar y compañía es evidente. Cifré tampoco protagonizó una ruptura con sus historietas precedentes, pero, como mínimo, estrenó dos personajes nuevos para la recién nacida revista: Rosalía y Golondrino Pérez, con una indudable identidad temática común: la búsqueda del amor. És esta una motivación poco común en los personajes de Bruguera, ciertamente, y más fuera de las revistas pensadas para el público femenino. Este interés por tan universal tema está presente en la obra de Cifré empezando por la mismísima portada de primer número, toda una responsabilidad para el dibujante, en la que éste se descuelga con una estampa en la que, para no dejar resquicio a la duda, coloca un rótulo en el que se detalla el origen y el destino de un autobús de línea, nada menos que:"Calle Enamorados a Plaza Desengaño". Toda una declaración de principios, en efecto.
De Rosalía, hoy hablaremos poco. Baste de momento decir que se trata de una de las seis figuras que cerraban cada nueva entrega del Tio Vivo desde su contraportada y que su característica fundamental es ser poseedora de un apéndice nasal en todo semejante al pico de un loro y los problemas sentimentales que esto le crea.
Golondrino Pérez vive para y por el enamoramiento (que le conduzca al amor y al matrimonio, eso sí). Golondrino necesita amar como Carpanta comer y obtiene el mismo porcentaje de éxito que su colega. Con la misma actitud con la que sale el buscador de setas al campo, dispuesto a llenar su cestillo de delicados hongos comestibles, así Golondrino Pérez se zambulle en las calles en busca del amor de su vida. Es un personaje que anhela, que ansía, que se desvive...y que ve frustradas sus espectativas una y otra vez. Al igual que su homóloga femenina, Rosalía, su capacidad para la seducción se encuentra mermada por una apariencia física poco agraciada (si bien, en el caso de la fémina, debido a los usos amatorios de la época, esta cortapisa resulta más significativa): Golondrino es un galán enclenque y cabezón al que su voluntad de amar le impulsa siempre más allá de sus fuerzas y su entendimiento. Es tal la obsesión de Golondrino por el romance que sólo puede expresarse en verso, negándose así de forma rotunda a vivir la vida prosaica del común de los mortales. Y es que este constante fracaso en el anhelo no deja de significar una incursión en el dominio de la poesía, de la ternura, de la amarga melancolía. Un individuo que vive en verso una solitaria existencia, en permanente búsqueda de un ideal y lo hace con el candor y la entrega con el que lo hace Golondrino sólo puede cosechar nuestras simpatías más fervientes.
El estilo de Cifré, todo un veterano ya en el momento de alumbrar a su enamoradizo héroe, es dinámico y ágil, sin resultar explosivo. O lo que es lo mismo, podríamos hablar de que el estilo de Cifré es un preludio del de Vázquez, gráficamente hablando. Por otro lado, la aguda observación del alma humana que practica Cifré con su lápiz le permite poblar el segundo plano de las viñetas de personajes episódicos tan llenos de vida interior como los protagónicos.

Las viñetas aquí aportadas nos sirven como muestra de las andanzas del exaltado romántico del bigotito, del animoso hombrecillo de raquítico y elástico tupé. En ellas se incluye el primer enamoramiento catódico (con el resultado habitual, no vayan a pensar, que Golondrino no tiene sangre azul...), algo que sólo era cuestión de tiempo que sucediera, dada la naturaleza enamoradiza del sujeto y que el nuevo medio, la televisión parece pensada para dar consuelo y compañía a los solitarios del mundo. También asistimos a un encuentro con su alma gemela, Rosalía, y, por último, a una reflexión de las que habitualmente elabora Golondrino para lamentarse de su escasa suerte en las artes amatorias.
A este burgomaestre se le ocurre que el rótulo del autobús de la portada del número Uno de Tio Vivo que mencionábamos antes sólo podría ocurrírsele a alguien como Golondrino (quien, por cierto, es una versión caricaturizada del mismo señor de la portada), lo que nos permite establecer una cierta identificación entre autor y personaje. Esa transferencia que se produce entre dibujante y personaje queda explícita en la viñeta correspondiente a la última viñeta aquí mostrada, en la que golondrino confiesa la envidia que siente por el dibujante Giner (el de "Lolita y Enrique se van a casar"), por su facilidad para las conquistas amorosas. El que habla es el monigote, pero el que piensa recurriéndo a su experiencia vital, es su creador, ese romántico, tierno y magistral autor de historietas que era Guillermo Cifré Figuerola.

Nota: la procedencia de los dibujos que dan sentido y razón de ser a este pequeño ladrillo es, para las dos primeras, el Tio Vivo número 48, publicado el 29 de mayo de 1958; para las otras dos, el Tio Vivo número 44, de 30 de abril de 1958. La portada, naturalmente, es del Tio Vivo número 1, que vió la luz un jueves de junio de 1957.

martes, marzo 07, 2006

Hacer la felicidad de los demás...



Don Tele es feliz con su televisor. Cuanto más está con él, más feliz es. No necesita nada más, ni concibe otro tipo de felicidad. Sus únicos problemas en la vida son los que pueden separarle de su aparato receptor e incomodarle a la hora de estar con él (fundamentalmente, los vecinos gorrones). Su mundo entero cabe en la pantalla de su televisión. Y es que Cifré imagina, por lo común, personajes enamorados de forma poco común. Así es la pasión que domina a Don Tele por el nuevo medio. Y el retrato de esa pasión constituye el núcleo de las historietas que en las páginas del Tio Vivo protagonizó este personaje desde la primavera de 1960 hasta el número 98 de la segunda época, allá por el mes de enero de 1963, cuando su creador ya había fallecido.
Los personajes de Cifré, además de apasionados, tienen buen corazón y son muy dinámicos. Viven sus emociones con un dinamismo despampanante, bien patente por las líneas cinéticas que los acompañan siempre. Cuando escuchan lo que otros personajes dicen, suelen expresar a menudo algún tipo de compasión o, al menos, de empatía, cosa que uno puede no advertir, pero que impregna cada historieta de sentimiento. Hablando de sentimiento, se me ocurre que quizá Cifré y Jorge son dos perfiles complementarios de un mismo tipo de artista. El terreno temático de ambos está constituido por el mosaico de las emociones humanas en mayor media que ninguna otra constante. La diferencia está en que Jorge es capaz de desvelar el lado oscuro del hombre, mientas que Cifré, prácticamente, parece desconocerlo en absoluto. La maldad es bien conocida por Jorge, mientras que Cifré es incapaz de encontrarla y, en consecuencia, de plasmarla. La eficacia de su humor es más bien escasa. De todos los grandes de la historieta de Bruguera, probablemente sea Cifré el menos cómico. La raíz de su inspiración es demasiado amable, demasiado bondadosa para provocar risas, las cuales, en alguna medida siempre han de tener mucho de despiadadas.
De buenos sentimientos, de tiernos corazones habla la historieta de Don Tele que traigo aquí hoy, extraída del Tio Vivo número 37 (segunda época) de noviembre de 1961. En ella se desliza el tema, tan debatido en nuestra sociedad, del excesivo protagonismo que se da a la televisión en detrimento de otros placeres cotidianos más, digamos, personales, pero creo que lo esencial de la anécdota narrada radica en mostrar la ternura de ofrecer lo que se tiene a quien carece de ello. Don Tele y su tía (quien antes fuera su esposa, por cierto) pasean por los suburbios a la hora de la siesta, con la sana finalidad de rebajar la comilona dominguera cuando la visión de un paupérrimo niño que juega a la puerta de una chabola con unas piedras conmueve al hombre y le hace proponerse dar una alegría al niño y a sus padres, ofreciéndoles su más preciado bien en forma de una sesión de tele. La sorpresa viene dada por el hecho de que aquellas gentes en apariencia menesterosas tienen un aparato de mejor calidad que el suyo y que, simplemente, prefieren divertirse por los medios más simples y tradicionales, tales como el vino de la taberna (el progenitor) y las piedras de los andurriales (la progenie).
¿Desmitificación de las bondades de la incipiente televisión? Puede ser, aunque también hay una desmitificación de la caridad, de los bienes de consumo, del modo de entender la vida como un afán por acumular nuevos artilugios. Quizá encontremos también una idealización de la pobreza, o una relativización de la riqueza. En todo caso, una gran historieta de un gran autor.
Para este burgomaestre, la polémica que se suscita a menudo entre la gente a propósito de la manera en que los niños dependen hoy en día de la televisión para distrerse en oposición a lo mucho y bien que se divertían antes sin ella es tan estéril como absurda. Jugar en la calle es preferible a ver un programa malo de televisión, por regla general y, del mismo modo, ver un buen programa de televisión es infinitamente mejor que apedrear gatos en la calle. Y por otro lado, en el nivel reservado a lo sublime, están los tebeos...

lunes, febrero 06, 2006

La marca del Zorro (Primero fue la radio, II)











Como ya dijimos en la entrada anterior dedicada a este medio, en la España de los cincuenta, el entretenimiento cotidiano lo constituía la radio. Si no me creen a mí, vean ahí a Violeto, de García Lorente, que desde las páginas del DDT 102 (de abril 53) así lo atestigua. Pues bien, en la radio de aquella España, destacaba la personalidad y el talento particularísimo de un humorista bonaerense de padres españoles, con un estilo único y un apodo que todavía hoy se recuerda: "El Zorro". Este peculiarísimo artista (al que podemos ver encabezando este escritillo ahí arriba en forma de caricatura debida a Cifré) debutó en su país en 1937 y se presentó en las ondas hispanas en 1951, en la Cadena Ser, iniciándose entonces una continuada relación con los oyentes españoles que se prolongó a través de los años cincuenta y los sesenta. Obtuvo el premio Ondas en su primera edición, en 1954, y protagonizó programas con títulos tales como "Margarita Campeonato, 1960" (del mismo año 60), "Gran parada" (1962), y "Las alegres zorrerías" que se inició en 1957, y que se emitía los martes y los jueves a las 23:00 y que,sin duda, era el programa que motivó el especial del Tio Vivo que aquí nos ocupa.
Para las navidades de 1957 los fundadores del Tio Vivo estaban en plena ebullición. Capitaneados por Conti, los Cifré, Peñarroya, Escobar y Giner (con la adición de Enrich, entre otros) tenían entre manos la ilusionante labor de crear una revista humorística semanal que obedeciera exclusivamente a su propio criterio. Y decidieron dedicarle todo un número especial a Pepe Iglesias , "El Zorro". Esta decisión estaba motivada tanto por la enorme popularidad del homenajeado (lo que debía garantizar la comercialidad del número) como por la sincera admiración que despertaba en los dibujantes. Esta admiración, patente a lo largo de todas las páginas que componen el especial es fácilmente comprensible desde la óptica de quienes, en cierta medida, se dedicaban al mismo oficio: divertir a la gente mediante la creación de personajes cómicos. Lo que uno conseguía por medio de su habilidad vocal, los otros lo conseguían con la habilidad de sus manos. Así, este ejemplar de Tio Vivo se convirtió desde su nacimiento en una experiencia única y originalísima. Los dibujantes aprestaron sus lápices para "visualizar" personajes tan sólo oídos. El reto debió ser apasionante. El resultado, lo pueden ver ustedes en esta entrada.
El cuerpo de la revista lo conformaba una historieta de ocho páginas dibujada al alimón por cinco dibujantes cómicos: Cifré, Conti, Peñarroya, Escobar y Enrich. Los personajes creados por Pepe Iglesias, "El Zorro" fueron repartidos de la siguiente manera entre dichos dibujantes:
Cifré se hizo cargo de dar forma gráfica a Don Clarete (el gerente del hotel y personaje-ancla-referencia alrededor del cual revolotean los demás), claramente semejante al jefe de Tribulete y al portero ("pedazo de alambre con gorra").
Peñarroya visualizó a dos personajes femeninos: Doña Clareta, la esposa temible y terrible de Don Clarete y a la niña Porotita, hija menor del matrimonio Clarete.
Conti trazó los rasgos de Doctor, un galeno que usaba gafas diferentes en función de lo que se dispusiera a hacer, por peregrina que fuera la tarea a emprender, y de Ito, el hijo adolescente y tontaina de los Clarete.
Escobar contribuyó dibujando a la vampiresa fea, Verónica y al estrambótico y tristón Don Breviario.
Enrich, por su parte, fue el encargado de dar forma a Pacurro, un cantante de flamenco afónico y a Nikita Nipón, un japonés aficionado a las quinielas.

En cuanto a Giner, se reservó en su página habitual de "Lolita y Enrique se van a casar" una intervención protagónica del propio Pepe Iglesias y, en una última viñeta antológica, de toda la "troupe" de personajes "zorrianos".

Temáticamente, el humor de "El Zorro",era cándido e ingenuo, nacía de una raíz infantil y era de blancura purísima. Sus gracias partían de la nada y a nada conducían. Los parlamentos que se escuchan en el "Hotel la Sola Cama" son una sucesión de sinsentidos en los que los chistes no tienen apenas explicación y suelen justificarse, muchas veces por meros juegos de palabras o equilibrios verbales, cuando no absurdos integrales, que se repiten continuamente. Todo el mundo habla de un modo extraño: Don Clarete lanza órdenes con excesos de "enes": "¡Callensen! ¡Marchensen!"; Don Breviario incurre en excesos de vocales: "Seré bereve...No me peregunten..."; el doctor abre sus intervenciones con ripios y la niña Potorita con un "¡Papapapipí!" inescrutable. Esta pureza del humor debió ser lo que sedujo a Escobar, Cifré, Peñarroya y compañía, quienes tenían también esta vena de irracionalidad pero que por imperativo comercial se veían más abocados a reflejar lo cotidiano.
Técnicamente, todos estos personajes, como es lógico, estaban construidos y caracterizados en función de sus voces y sus expresiones típicas, con frases que repetían y que constituían tanto su esencia, como sus ropajes. La labor conjunta de "nuestros" dibujantes supuso un memorable esfuerzo por trasplantar esos personajes "orales" de un medio a otro tan distinto. De habitar el terreno auditivo, debían pasar al visual. Y como es memorable, aquí estamos para recordarlo.
El número extraordinario homenaje a Pepe Iglesias "El Zorro" se publicó el 21 de diciembre de 1957 y constituye una pieza verdaderamente única en la historia (con mayúsculas o minúsculas, a elegir) del tebeo español.
PD: próximamente, en esta misma frecuencia, un nuevo capítulo del serial "Primero fue la radio", patrocinado por "Sopicaldos Filstrup"

jueves, abril 06, 2006

Un almanaque, una obra. (2ª entrega)



La figura dominante de Rafael González dota de una importante carga autoral a las revistas de historietas Bruguera en su primera etapa. Su influencia directa en el resultado final es tan notoria como decisiva a lo largo de los primeros años de Pulgarcito (en su formato de revista de historietas) y en la creación del DDT. En el caso de este Almanaque para 1950 de Pulgarcito del que ya vimos la portada y la tercera página el otro día y del que aquí reproduzco ahora un fragmento de su doble página central, la impronta de su personalidad (con el añadido del pie forzado por la temática navideña propio de un almanaque) adquiere un relieve aún mayor y hace que la coherencia interna de las páginas que lo componen sea tal que estemos en disposición de hablar, no de una colección de historietas, sino, casi, casi, de una obra unitaria (en la que sí, efectivamente, colaboraron un fenomenal grupo de creadores).
Con las notas más o menos aisladas y discordantes del Inspector Dan y de la Familia Pepe (que habitan universos propios), el resto de las 36 formidables páginas del Almanaque para 1950 de Pulgarcito constituye una especie de “suite” a cargo de sus personajes en torno a unos pocos temas fundamentales. En los próximos días, este burgomaestre se propone ir torturando al amable lector con la exposición de los siguientes apartados:
1º) El amor apesta: historietas de Don Furcio Buscabollos, Cucufato Pi y el Reporter Tribulete, todas de Cifré.
2ª) Navidades negras y el nefasto espíritu navideño: historietas de Zipi y Zape, Carpanta (Escobar), Doña Urraca (Jorge)y Don Pío (Peñarroya).
3ª) Buscando la fortuna: historietas de Gordito Relleno y Calixto y Don Berrinche, todas de Peñarroya
4ª) A su bola: las de El loco Carioco (Conti) , Don Cloroformo (Nadal), Leovigildo Viruta (Jorge), la Familia Pepe (Iranzo)y las hermanas Gilda (Vázquez).
Naturalmente, es una clasificación, como todas las clasificaciones, no exenta de interconexiones y ramificaciones que intentaré explicar del modo menos confuso que pueda. Si ven ustedes que me embarullo demasiado pueden saltarse el texto y mirar únicamente los dibujos. A fin de cuentas, se trata de acompañar de alguna manera lo que realmente interesa, que son las magníficas viñetas de estos tebeos bien amados.


El amor apesta
La temática del amor tomado como hecho absurdo y risible es la que domina, con sus tintes algo amargos, la obra de Cifré, que es tanto como decir la obra de Rafael González. Y es remarcable su presencia tan notoria en una revista que, en principio, debería estar supeditada a la temática navideña. Sin embargo, los personajes de Cifré, en semejante ocasión, representan tres variaciones sobre el tema del amor desengañado o de la mujer fatal.
En la historieta titulada “¡Qué mujer!”,Tribulete ha conocido a una mujer tan guapa “que con sólo mirarla, produce conjuntivitis”, pero que finalmente resulta ser una vampiresa que tenía previsto (según su dietario)“liquidar al cretino de Tribulete y beberse su sangre con sifón”. Su relación con ella, además, le acarrea problemas con la Autoridad (representada a través de las fuerzas de orden público y del poder judicial) que le llevan a sufrir condena a trabajos forzados. En “Matrimonio por correspondencia”, Don Furcio Buscabollos, por su parte, inicia una relación a través de un anuncio en la prensa, pero el retrato que le ha sido mostrado es engañoso y su amada resulta “parecerse a Doña Urraca”. Al retractarse de su promesa, es apaleado y al tomar venganza en la persona del pintor que hizo el retrato fraudulento, termina condenado a galeras. En “Extraña mujer”, Cucufato Pi tiene, en apariencia, más suerte que los otros, pero la “extraña mujer” con la que intenta casarse resulta tan desconcertante como peligrosa. La condena que recae sobre él es peor aún que la que sufren sus colegas: tendrá que casarse y mantener a una numerosísima familia: 27 hijos y 93 parientes.
El humor de Rafael González basado en hipérboles delirantes, en el lenguaje descoyuntado y en la comicidad del puro absurdo se desparrama alegremente por tan, en el fondo, amargas historias. El hombre, en su visión, es una víctima indefensa e inocente de la Mujer, quien sólo aspira a engañarle y a vivir a su costa, y de la Autoridad., que siempre se pone en su contra. En las conclusiones de estas tres historietas hallamos muestras de sabiduría casera tales como que el hombre está mejor solo (como razona Tribulete) o que para superar un fracaso amoroso lo mejor es emborracharse (como plantea Isabelita a su amo Don Furcio). En el caso de Cucufato la amenaza del matrimonio se cierne sin remisión y no hay lugar para otra reacción que defuncionarse.
Es característico del estilo de Rafael González las referencias a personajes populares de la actualidad española, paradójicamente estas referencias presentan una notoria preferencia (debida sin duda al gusto particular y muy loable, por cierto, de Rafael González) hacia los astros de la pantalla hollywoodiense y originan comparaciones llenas de comicidad. En las tres historietas aquí comentadas encontramos referencias a Hedy Lamarr (en la historieta de Tribulete) , a Virginia Mayo y a Robert Taylor (en la de Don Furcio), verdaderos ídolos en su tiempo, iconos dotados de gran belleza, tan alejada de los parámetros bruguerianos que su sola mención comporta una dislocación de la lógica interna de la historieta que es lo que provoca la risa. Anotemos que el título de la historieta de Cucufato Pi: “Extraña mujer” coincide casi exactamente con el de una tremebunda película protagonizada por Hedy Lamarr, dirigida por Edgar G. Ulmer en 1942 y quién sabe si una de las favoritas de Rafael González.
Otro rasgo característico de las historietas bruguera es la presencia, a modo de “cameo”, de “estrellas invitadas”, tal como sucede con la actuación especial de Cucufato Pi en la historieta de Tribulete, conduciendo un taxi.
Gráficamente, destacamos de Cifré como rasgo distintivo dos evidencias de su experiencia en el campo de los dibujos animados: una la constituye su dominio del diseño de escenarios, visible en el restaurante en el que se han citado Tribulete y su terrible novia, en el espacioso calabozo donde el reporter es encerrado, o en la vivienda de la extraña futura esposa de Cucufato; la otra puede observarse en esta viñeta de Don Furcio, en la que vemos el estudio del movimiento del personaje, como si fuera, justamente, el desarrollo de una secuencia de animación.
Continuará.
Nota: Este bloque, por ser el de los personajes de Cifré, es el que más muestra el carácter unitario del Almanaque y el que más denuncia la huella autoral de Rafael González, pero ya verán ustedes como el resto de apartados también participa de ese carácter y de esa influencia. O así.
NOTA2: la señora de la foto es la sensacional Hedy Lamarr, una hermosísima actriz algo olvidada hoy en día.